ME BASTA CON SABER – Elena Almirall – 26/05/2016

ME BASTA CON SABER – Elena Almirall – 26/05/2016

Crecer es animarse a indagar también en el otro…

 

Elena y yo tuvimos un encuentro, después un desencuentro (pequeñito), un reencuentro y, finalmente, una historia. Una historia de amistad, lejana en distancia pero linda en cariño.

Sus letras las descubrí por casualidad. Supongo que hace bastante, porque ya no recuerdo cuándo. Desde ellas nació hacia mí una especie de cordel, algo que me ató definitivamente a la calidez con que ella despachaba su forma de entender el mundo.

Hace no mucho publicó su libro. Lo había tenido entre bambalinas para que la función finalmente fuera perfecta. Y cuando abrió el telón, un ejemplar llegó a mis manos. Lo aplaudí puesta de pie en mi propio patio de butacas. Se me hizo de noche sentada en el sillón que en ese momento reservaba para mis ratitos de lectura.

 

Y hoy… me regala esto. Un gesto sencillo, un “menos es más”. Un “stop”. Un “vamos a hacerlo despacito”.  Si esto no es gloria… mucho me temo que está tan cerca que podría decirse prácticamente al lado.

 

Así que léela ahora… pero sacando tu “slow”.

 

[NOTA: Elena ha cedido voluntariamente su texto y está fuera de concurso. Es una de las aportaciones “extra” a “Quiero que lo leas”]

 

¿Por qué este texto?

Sencillamente porque a veces me olvido de que todo es mucho más fácil. Porque a veces no me acuerdo de que todo es posible. Y porque a veces creo que no tengo elección. Por eso este texto. Porque quiero recordar que las únicas cosas que en realidad me hacen falta son las del día a día, las pequeñas, las que tengo a mano, las que no pueden comprarse, las que nacen en el corazón y vuelven al corazón. Por eso. Sólo por eso. ❤

 

Elena Almirall

ME BASTA

Me basta con saber que hay cosas que existen.

El árbol de mi calle existe.

Las nubes, la lluvia y el sol también existen.

El mar, la montaña y el cielo existen.

Los animales, los vegetales y las piedras existen.

 

Me basta con saber que hay cosas que son ciertas.

La mañana es cierta. Y la tarde.

E incluso la noche también es cierta.

Las sonrisas son ciertas.

La familia es cierta.

Tener un amigo es cierto.

La alegría, la felicidad y, por supuesto el amor, son ciertos.

 

Me basta con saber que hay elección.

Que puedo reír en vez de llorar.

Que puedo cantar en vez de reprochar.

Que puedo perdonar en vez de condenar.

Que puedo unir en vez de separar.

Que puedo amar en vez de odiar.

 

Me basta con saber que aquí y ahora

todo es posible.

Todo.

Y con eso…

Me basta.

 

 

 

 

*****

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LO QUE UNA LLAVE PUEDE ABRIR – Cristina Marcos – 24/05/2016

LO QUE UNA LLAVE PUEDE ABRIR – Cristina Marcos – 24/05/2016

 

No hay dos sin tres.

 

Son seis, según dicen los expertos, los máximos puntos que separan a una persona de otra.

 

Hay mil historias en cada esquina.

 

Y más de cien motivos para contarlas.

Pero… de todos los números que existen, quizás el más enigmático es el número uno. El valiente y solitario. El que abre la veda. El comerciante de nuevas rutas… El que guarda los secretos, estoico, hasta que llega quien le sucederá.

Se sabe único. Y entiende que cuando nos referimos a él pensamos en lo irrepetible. Es el peculiar y el diferente. El que pone la primera piedra y arranca con la zancada que nunca nadie antes se atrevió a dar.

 

Uno es el deseo sin cartón piedra.

 

Uno es quien destaca por, pese y para todo.

 

Uno es también el episodio que nos cambia la vida.

 

O la llave que abre la puerta que quizás ya nunca tengamos que cerrar…

 

Hoy Cristina trae esa llave envuelta en el misterio de lo que no se sabe. En lo que puede suceder… o no. En las casualidades que se visten de seda. Y en todo a lo que hoy buscamos respuesta porque no tenemos la paciencia de crear la pregunta adecuada para ella…

Os dejo en vuestra mano esa llave… ¡y a ver si le abre las puertas de muchos votos!

 

He conocido tu iniciativa a través de “El Periódico de las Buenas Noticias” y me ha encantado tanto el proyecto como tu blog, así que me he animado a escribir y a colaborar con un relato.
¡Enhorabuena y gracias!
Motivación: Qué algo te mueva a escribir es ya un buen premio. Esta es una historia en la que todo tiene una razón de ser y donde el misterio es una revelación.

 

 

LO QUE UNA LLAVE PUEDE ABRIR

Esa mañana de principios de septiembre volvía de pasar fuera el fin de semana y al ir a pagar el billete, me di cuenta de que en el monedero había una llave y que era sin duda de una taquilla. Durante el viaje me estuve rompiendo la cabeza tratando de recordar dónde estaba la cerradura que abría aquella llave, amén de preocuparme ligeramente por este fallo de memoria, inusual en mí. Sin duda era la taquilla de un supermercado, porque son las taquillas que yo manejo. Y llegué a la conclusión de que con toda probabilidad era del supermercado del Corte Inglés. Y de que la llave debía llevar en mi cartera al menos desde el miércoles o el jueves, día en que cambié la de verano por esta. Lo más grave era que no tenía ni idea de qué podía haber dentro de esa taquilla. Hice un repaso de toda la semana: ¡Nada, vacío de información! Al final concluí que, a la salida del trabajo, me acercaría al Corte Inglés, bajaría al supermercado y se resolvería el enigma. Y así lo hice. Al principio probé la llave -de apariencia exacta a todas las demás- en las taquillas que permanecían cerradas. Sin éxito. Y después procedí a probarla en las que estaban abiertas, lo cual suponía meter una moneda de un euro, cerrar la taquilla, sacar la llave con el correspondiente llavero e introducir la mía para probar suerte. Nada. Me dirigí entonces a un empleado y le conté grosso modo la situación. Muy amable, llamó a su jefe, que se hizo un poco el remolón, le conté la historia e intentó, también sin suerte, abrir las taquillas con mi llave. Le expliqué que siempre suelo utilizar 3 taquillas en concreto: las que son más grandes y están más cerca de la salida. Él, que tenía prisa, se dirigió entonces a los guardias de seguridad del centro comercial. Les relaté nuevamente todo, que no soy despistada y que esto es algo rarísimo; en fin, más o menos traté de justificar que no soy una pirada que se dedica a hacer perder tiempo al personal. En efecto, la llave era igual, me señalaron, pero no tenía llavero. Y era verdad. Y tan pancha les dije que tenía una ligera idea de haber metido la llave en el monedero y haber pensado: “pues mira qué bien, así no me ocupa”; añadí que soy una persona metódica en este aspecto, que si la llave tiene llavero la guardo en un compartimentito del bolso y si no, cosa más frecuente de lo que ellos afirmaban, la guardo siempre en el monedero. Tras insistirme en que podría ser de otro supermercado (y me nombraron todos los de esta ciudad) y yo responderles que no había ido a ningún otro en bastante tiempo, les pregunté si ellos solían comprobar las taquillas a menudo y si en caso de que una permaneciese durante mucho tiempo cerrada, la abrían para verificar qué ocurría con ella o si les habían dicho que habían encontrado algo… NADA. Les di las gracias, manifestaron su pesar, nos despedimos y salí de allí agotada, pensando en cuántas veces una llave de una taquilla, en un bolsillo de la víctima, había resuelto el enigma del crimen de una serie policiaca. Estuve torturándome tres días más porque no recordaba ni qué abría esa llave, ni qué contenía lo que abría.

Me había olvidado casi de esta historia, cuando quince días después volví a los grandes almacenes y me disponía, como casi siempre, a depositar la cartera y una bolsa con compras, y escuché la conversación de una chica con una de las dependientas. Había hecho una compra considerable y quería dejar los productos no perecederos y de más peso hasta el día siguiente.  La empleada, muy eficiente, le explicó que tenía que consultarlo con el personal de seguridad: “cada noche revisan las taquillas para cerciorarse de que no queda ningún casillero cerrado con mercancías que puedan deteriorarse o que pudieran resultar peligrosos” -dijo. Y entonces se disparó la alarma en mi memoria y le comenté toda la historia de la llave y cómo el día en que ocurrió, el personal de seguridad que estaba de servicio se comportó de un modo extraño y para nada coincidía lo que me habían comentado con lo que al parecer era la praxis normal cada noche, quizá porque era ya a última hora, antes de cerrar y estaban cansados o quién sabe por qué.

Después de atender a la clienta que solicitaba permiso para dejar la compra hasta el día siguiente,  el guardia de seguridad de turno este día, me escuchó con mucha atención y me confirmó lo que había dicho la empleada. Le mostré la llave, que seguía conservando en el monedero, y verificó que se trataba en efecto de una llave de esas taquillas y además que el número de referencia era el consecutivo al de la llave número 20. Me acompañó entonces al servicio de atención al cliente, donde se custodian los enseres olvidados durante dos meses, al cabo de los cuales se donan a alguna ONG. Comprobaron que el servicio de mantenimiento había cambiado la cerradura número 30. En la zona de almacenaje estaba el contenido que yo había olvidado al menos quince días antes. En una bolsa había algún producto de perfumería, un foulard, y un sobre de regalo. ¡Lo había olvidado por completo! Me gusta elegir los regalos pensando en su destinatario; nunca me ha gustado regalar dinero, ni en las bodas, ni a los niños de la familia, pero en esta ocasión, de forma excepcional y por fuerza mayor, había comprado una tarjeta-regalo por valor de 150 euros para que los disfrutase como eligiese una persona muy querida tras 40 años de trabajo. Se la entregaría en la cena de despedida, a final de septiembre.

Entonces reparé por el ticket que había olvidado la compra el 5 de septiembre y que la había recuperado el día 22. Estaba claro que esto era una señal. Ni siquiera había echado de menos lo que había comprado; daba por perdido algo que no recordaba. Y no me lo pensé dos veces. Compré tres enormes cajas de bombones para los empleados del súper, de atención al cliente y para el personal de seguridad. Entregué después la tarjeta y pedí que me devolviesen el importe. Hice una parada antes de salir de los grandes almacenes. Junto a la puerta había una mesa de cuestación que casi ignoré al entrar. El 22 de septiembre es el día mundial de la leucemia. Les dejé el sobre que les estaba destinado desde el día que lo perdí, el 5 de septiembre, día internacional de la beneficencia. Me fui sin prisas, pensando en qué regalo haría a mi amiga.

 

Foto Cristina Marcos Martín

EL LIBRO VERDE – Lía Contador – 24/05/2016

EL LIBRO VERDE – Lía Contador – 24/05/2016

¿Cuáles son los mejores libros: los que ya están escritos o los que están por venir? 

¿Cuáles son las mejores historias: las que se cuentan en esos libros o las que no conoceremos nunca?

Tira de la retórica, porque sé que la respuesta es difícil…

Yo tengo mi propia teoría. Hace tiempo que creo que la verdad es ficción hasta que a alguien le da por vivirla. O que todo está por hacer y es nuestra tarea desenmarañar los hilos de los que podemos tirar. Más que nada para que tu reputación personal se sienta sana y salva contigo mism@. Perciba que algo hiciste… Da igual si grande o pequeño, que aquí es el único lugar en el que el tamaño no importa. Porque quien construye algo, por mínimo que sea, da lugar a un espacio de crecimiento.

Y en mis treintaytantos veranos que he consumido, creedme: el mayor espacio que he conocido es ese que se construye en pareja. Que una pareja, no te engañen, es lo que se crea después de que llegue el amor.

Hablando de amor, cuando se reciben retales con letras de la mano de alguien enamorada como Lía, toca leerla con detenimiento. ¡Veamos si ella te hace caer rendida a sus pies!

 

Mi nombre es Lia Contador, tengo 26 años, soy Chilena, psicóloga de profesión y actualmente me desempeñó como marketing manager… Disfruto una buena canción, reír junto a mis amigos, escuchar el viento, saborear un helado o una copa de vino y sentir la arena tibia de la playa… Escribo por gusto, en mis infinitos libros, libretas, papeles, iPad. El libro verde existe, y es mi mayor tesoro porque cuenta mi propia historia de amor y desamor… Este es un pasaje que marca el comienzo de esa historia real y su mayor valor es la esperanza y la Ilusión.

Sé que tengo muchas ganas de compartirlo, ya que es una mezcla entre realidad y ficción que narra un momento donde confluyen muchos otros fragmentos de una pareja joven, que está recién conociéndose y atreviéndose a quitar las caretas y protecciones que uno muchas veces pone de resistencia al conocer a alguien nuevo. Refleja toda la ilusión de un mágico comienzo, cuando dos personas sienten que no existe nada ni nadie más a su alrededor y deciden embarcarse en una aventura juntos.

¡Gracias por compartir esta oportunidad con el mundo!
Un abrazo,
Lia

 

EL LIBRO VERDE

Mia estaba aterrorizada. Deseaba haberse atrevido a abrir su corazón, pero hablar sobre sus sentimientos era algo que no se le daba fácil. Había quedado en silencio luego de que Alex le revelara lo que sentía por ella. Se despidieron, Mía tomó su auto y manejó en dirección a su casa. Manejaba de memoria sin pensar hacia dónde iba, mientras el corazón se le aceleraba y el olor del té de jazmín que habían estado tomando hace unos minutos en la terraza se mezclaba con las sensaciones al repasar mentalmente los fragmentos de la noche vivida. Casi por instinto, se detuvo y estacionó el auto a un costado de la calle, tomó su celular y escribió una nota: “Me gustaría decir algo en este momento, pero no puedo, estoy muda, y un poco adormecida… Tuve que parar a escribir, a escribirte. Me gustaría seguir mi intuición, trato con muchas ganas, quizás no suficiente, al menos no lo suficiente para saber si es realidad o ficción. A veces me pierdo en las idealizaciones y ahora quiero creer que hay magia, la siento y no me importa perderme”. Lo leyó tres veces. No cambio ni una sola palabra, luego copio, pegó y envió un mensaje de texto a Alex. Ahora no había vuelta atrás, había decidido compartir sus sentimientos, en parte porque ya eran tan intensos que no sabía cómo contenerlos y también porque sabía que era la única forma de comprobar si este sueño era real.

Al despertar la mañana siguiente, encontró un mensaje de Alex en su inboox de Facebook.

“Una ligera sonrisa y una infinidad de pensamientos bastaron para que el insomnio se encargara del resto. Esperaba, más temprano que tarde, la creencia que mutó a certeza con el parpadeo de mi teléfono. Disculpa que tus palabras no fueran correspondidas pero es que la impresión fue tal que enmudecí. Te agradezco el permitirme conocer aquella arista de tu ser, empero sería infinitamente  más  placentero crear un momento en que todas estas cosas confluyan simultáneamente. Aquí te dejo un ápice de mis pensamientos nocturnos”. El mensaje iba acompañado de un vídeo de la cantante islandesa Björk.

Mia no podía creerlo. Aún confundida entre la realidad y la ficción presionó el link y disfrutó los paisajes y melodías del vídeo de Joga, mientras una lágrima de alegría caía por su mejilla. Ya no tenía duda alguna, estaba completamente enamorada, este  mensaje había sido el impulso que necesitaba para embarcarse en esta nueva aventura. Quería ser precisa al enviar su respuesta, le daba miedo no lograr condensar las ideas y es que realmente no sabia cómo explicarle a Alex lo que había pensado y sentido al leer su mensaje. Por suerte, ella grababa todo en un pequeño diario personal que llamaba “El libro verde” y lo tomó para repasar las notas de los últimos días. Al leer comprobó lo que sospechaba…este amor había nacido mucho antes, sólo faltaba que el lenguaje lo trajera a la realidad… Este amor en potencia existía desde siempre, no en un espacio físico compartido, sino en el proceso continuo de creación. Sabía que explicar esto sería muy enredado, por lo que recurrió a algunos pasajes del libro verde para que Alex pudiera comprender cómo las cosas habían ido tomando su propio rumbo y cómo esto se relacionaba con el pensamiento de él y el anhelo de ella de que las cosas confluyeran simultáneamente.

Tomó cinco párrafos antiguos y anotó las fechas; quería demostrarle a Alex cómo las cosas fueron buscando un rumbo. Su mensaje había respondido las inquietudes que Mia desconocía y no había podido articular. Ahora ella no quería pensar más. No le interesaba buscar explicaciones, había compartido sus pensamientos más profundos para dejarse leer, para agradecer la sinceridad y el impulso que la habían ayudado a ver dentro de ella y atreverse a tomar esta  invitación a compartir. Luego de los cinco párrafos agregó un sexto para cerrar su respuesta

 Y si realmente existe aquel momento en que las cosas confluyen simultáneamente le temo, temo porque no logro imaginar la forma de contener esa sonrisa. 

 

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EL NIÑO Y EL MONSTRUO – Mercè Roura – 23/05/2016

EL NIÑO Y EL MONSTRUO – Mercè Roura – 23/05/2016

Las palabras, sobre todo cuando las lees o son escuchadas, pueden ser curativas.

 

La mayoría de las veces no nos damos cuenta de que las letras que salen de un labio pueden gestionar los mundos de los demás. Ese es su poder.

Hay palabras que acarician oídos y las hay que se lanzan tan llenas de furia que terminan por clavarse en nuestra forma de ver el mundo… y lo dañan. Lo dañan, lo atemorizan y lo enturbian.

Cuando las miradas viven asustadas por las palabras que les antecedieron, tenemos dos vidas por delante: una que premia y otra que apremia. La primera está hecha para quienes se colocan una escalera y ellos mismos van creando los peldaños; para quienes curan las frases dolorosas por otras más suaves y redondas; para los que terminan por cruzar los umbrales oscuros y silbar sin miedo hasta encontrar la salida. La segunda, apremia por necesidad, por gastar los minutos en algo más bello que la misma supervivencia a la que nos solemos quedar anclados.

Para unos y para otros, llega este cuento. Un cuento de paz escondida en guerra y amor envuelto en miedo. 

Porque sólo Mercè sabe poner terciopelo a la historias que más hieren, leer esto (para mí) ha sido un verdadero regalo. Y los buenos regalos siempre tienen que ser compartidos.

Bienvenido a un lunes diferente. El que llega después de que este cuento lo hagas también tuyo…

 

 

Es una reflexión que tenía guardada en mí hace tiempo… Un beso 🙂
Mercè Roura
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EL NIÑO Y EL MONSTRUO

Había una vez un niño que vivía atado a un monstruo.

No se trataba de un monstruo de esos que viven en el armario o debajo de las camas, era un monstruo de los que fuman cigarrillos y se abrillantan los zapatos.

Ante el mundo, parecía que el monstruo se ocupaba de él pero, en realidad, era él quién le daba vida al monstruo.

Algunas personas le decían que el monstruo no siempre había sido un monstruo, que hubo un tiempo en que era humano. Aunque el niño era tan pequeño entonces, que apenas lo recuerda.

Algunas veces, cuando el monstruo está cansado de gritar y el niño está escondido bajo la mesa, los ojos del monstruo se acercan con cara de suplicar perdón y parecen humanos… Aunque sólo dura unas horas. Hasta que el monstruo se enfada de nuevo por algo que siempre es culpa del niño.

A veces el monstruo se arrepiente tanto de sus gritos que se esconde días y días y se va de casa. Siempre vuelve y se enfada de nuevo, por lo que el niño piensa que, en realidad no está muy arrepentido.

El niño, a veces, se da cuenta de lo mucho que le necesita el monstruo. Parece raro pero si él no le tapara de noche con la manta, cuando se queda dormido, o le dejara la cena, el monstruo se moriría de hambre y de frío.

Es como si el niño fuera un padre y el monstruo un hijo que está tan triste que para calmar su tristeza grita y rompe cosas, como hacen algunos niños que tienen pataletas.

El monstruo -piensa el niño- es un como un niño que no ha crecido… Y a cambio, él ha tenido que crecer muy deprisa para controlar al monstruo y saber lo que le conviene.

El niño debería tal vez odiar al monstruo, pero no puede. El monstruo es demasiado egoísta y débil como para no tener piedad de él. Y el niño es demasiado fuerte y bondadoso como para odiar a alguien.

Muchas noches, el niño contempla el cielo desde la ventana de su habitación y pide deseos. No sabe qué desea ser cuando sea mayor pero siempre pide que, pase lo que pase, nunca quiere convertirse en monstruo. Y suplica que si algún día le sucede, algún niño como él esté a su lado para taparle con la manta y se atreva a decirle que es un monstruo.

El niño ha visitado mucho médicos. Médicos de esos que te curan con palabras. Le preguntan cómo está y qué necesita… Y el niño no lo entiende porque realmente quién tiene problemas es el monstruo, pero a él nadie le pregunta nada… ¿Les da miedo a ellos el monstruo? ¿por qué nadie cura a los monstruos ni se preocupa por ellos? ¿por qué nadie aleja a los monstruos de los niños?

El niño está convencido de que los monstruos necesitan muchas palabras para curarse… Escucharlas y decirlas, en voz alta, pero sin gritar… Palabras de esas que se te acumulan en el alma y hacen que te duela la garganta, como cuando quieres llorar y reprimes lágrimas… El niño imagina a veces que el monstruo acumula lágrimas y no sabe llorarlas… Y el pobre se cree que gritando saldrán pero aún se le quedan más encerradas en el pecho.

Por suerte, el niño llora. Aprendió hace mucho, cuando se sentía solo. Y cuando llora, es como si todo lo que le araña le saliera de dentro, como si las lágrimas fueran palabras… Por eso él no grita, porque no le hace falta.

Ahora que lo piensa, se da cuenta de que cuando crezca, se convertirá en un médico de monstruos,  para curarles de la penas que les hacen gritar y liberar a los niños como él.

Por cierto, te animo a que te hagas con éste y más pensamientos de Mercè en su libro “Amo la imprudencia de mis palabras”.  Tienes más información pinchando aquí.
[Imagen portada de http://www.cinepata.com]

Te he echado de más…

Te he echado de más…

En X, a 22 de Mayo de 2016

 

 

Te he echado de más…

He doblado el espinazo y las raíces. He tirado la moral por la borda. He matado los gusanos que asaltaban mi tripa. Y he tanteado el qué dirán.

Te he echado de más…

He mutado las opciones. He visto desde atrás por qué ahora ya no estoy delante. He sacado la lengua a los que olvidaron el lenguaje. Y he acelerado el imán.

Te he echado de más.

He recogido lo que era mío. He desandado el camino. He llevado alta la cabeza, la música, las letras que dije que nunca iba a soltar. Y he quitado el celofán.

Te he echado de más.

He llorado demasiado. He retorcido las palabras. He construido mi marca. Y ahora… vuelvo a probar.

 

Te he echado de más… porque yo he estado de menos.

 

Pero todo eso cambia en cuanto a ti y a mi nos dé por la conquista.

Otra vez.

Hoy.

Ahora.

Ya.

 

Para qué mañana…

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[Imagen vía http://www.loslabiosdevaleria.wordpress.com]

TIC TAC – Yolanda Cou – 29/01/2016

TIC TAC – Yolanda Cou – 29/01/2016

Y cuánto no se podrá hacer con la imaginación…

Y qué no se resolverá cuando las ideas te lanzan al vacío.

Y dónde se pasearán las vacas flacas en los días de lluvia.

Y cuándo se apreciarán los resultados de las decisiones correctas… y también las incorrectas.

Y para qué se alzarán las llagas en las manos que parecían curadas de espanto.

Quizás las neuras nos llevan finalmente a un camino. Y el caos que nos despellejaba vivos termina por arrastrarnos, sin presión, al método que desde siempre nos había estado esperando. Porque siempre hay treguas donde queramos escucharlas. Y sientan bien… muy bien.

 

El TIC TAC de Yolanda es pequeño, intenso, certero. Sólo toca votar.

 

Tic, tac… que casi no llego… he aquí mi texto “Tic, tac” y una breve exposición de quién es la persona que hay detrás. El texto, escrito en primera persona,  no es más que la expresión de un sentir, el del cansancio de un reloj que marca mi vida. Cansada de mucho, ya solo hay un deseo, disfrutar de lo que pueda quedar porque la vida ni es corta ni es larga, tan sólo tiene giros inesperados. Espero que os guste.

Yolanda 
Docente de Educación Primaria
 

Nos vemos en el camino…

 

 

TIC TAC

Mi reflejo en el espejo dice que me conoce de vista. Reconozco que apenas le he dado tiempo a conocerme, pero últimamente le miro más, a ver qué opina. El tiempo ha pasado rápido y ya empiezo a ver sus estragos en mi piel, y creo que mirando hacia atrás, he corrido mucho y no me había enterado de ello.

Soy adicta al chocolate, al olor del café recién hecho y al rocío de las mañanas, que me recuerda a mi infancia cuando los fines de semana nos íbamos al “monte, montero” bien tempranito y nos gustaba mojarnos las botas con el rocío de las plantas.

Soy y no soy, pero lo que sí soy, es alguien que disfruta con los sueños y aunque a veces me encanta seguir el camino de las baldosas amarillas, junto mis zapatillas, y en tres golpecitos, vuelvo a casa.

 

JAMÁS PONGAS LÍMITES A TUS SUEÑOS – Álvaro Prieto – 27/01/2016

JAMÁS PONGAS LÍMITES A TUS SUEÑOS – Álvaro Prieto – 27/01/2016

Un poco de autobiografía.

Cuando era pequeña siempre me llamaban la atención las imperfecciones. Quizás porque en ellas yo veía justo lo contrario. Los peros, las muecas. Los abrigos deshilachados, las manchas de humedad en la pared. Las citas a las que se llega tarde. El exceso de sal en la comida. Las uñas partidas. Las narices aguileñas. Las marcas de guerra en la piel…

Me gustaban precisamente porque, fuera del “bonitismo”, tenían algo que las hacía peculiares: tenían historia. El abrigo enganchado minutos antes con el anillo de casada de su mujer al cogerla de la cintura para sellarle los buenos días con un beso. La bañera llena de pasión y la pequeña grieta por la que explosivamente también cayeron los gemidos. La mamá que perdió el tren de las nueve por 10 minutos más con su hijo, haciendo esperar al agente inmobiliario que gestionaba su casa embargada.

Los hay que manejan con arte la ilusión de hacerlo todo lustroso, agradable a la vista. Y luego estamos quienes nos “manchamos” pero sin ganas de limpiar, porque no es suciedad lo que se nos pega entre las manos, sino la sensación caótica de la que vienen cargados los sueños. Y soñar, lo que se dice soñar, es lo que finalmente da movimiento al mundo.

En un miércoles como hoy, podemos soñar con Álvaro. Y votarle. 

 

 

Mi nombre es Álvaro y desde mi admiración más sincera a quienes dominan el arte de la escritura, he decidido compartir algo que escribí hace poco más de un año. Mi humilde aportación a la cual, ¡tintes positivos no le faltan! No acostumbro a escribir mucho pero si lo hago,  ¡es para escribir algo que levante el ánimo!

*La foto es de uno de mis lugares favoritos; uno que he visitado cuatro veces en poco más de un año y al que siempre sueño con volver. =)

 

 

JAMÁS PONGAS LÍMITES A TUS SUEÑOS

(Y, por supuesto, ¡nunca dejes de soñar…!)

 

 

Esas veces en que de forma inconsciente nos dejamos llevar, permaneciendo con la mirada fija donde a simple vista pudiera no haber nada y sin embargo, lo hay… ¡Claro que lo hay!

Es el reflejo de aquello que tanto significa y que jamás sería posible sin la ilusión, el sentimiento, la esperanza… Invisibles a los ojos, son parte fundamental de nuestro interior y nuestros sueños. Sensaciones que, no sólo marcan el rumbo hacia aquello que anhelamos, sino que serán fieles compañeros de viaje.

El conmovedor viaje hasta alcanzar un sueño. Un desafío que se ha de afrontar consciente de las dificultades pero desde la tranquilidad, con el impulso de incautas ilusiones y mucha perseverancia. Ningún esfuerzo será en vano y sólo desde el corazón seremos capaces de luchar por nuestros sueños…

 

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