La realidad que tenemos ahí afuera… deja mucho que desear.

Es doloroso que mentes ansiosas por una pureza distinta a la que ya existe busquen justificar lo que se entierra un día tras otro. La sangre de muchas historias anónimas sacuden ríos de tinta de reporteros, escritores o personas como tú y yo que sabemos que la violencia siempre mata. 

Estoy con la mente cansada del ciclo que no deja de repetirse: no hay vidas que valgan más que otras, por mucha dialéctica que se use para convencernos de lo contrario.

Lo que sucede en esa parte del mundo hace tiempo que dejó de ser una cuestión de fronteras. Es un ojo de huracán que no cesa. Y lo único cierto es que allí hoy, mañana, cada día, hay personas que mueren asesinadas. Lo cierto es que allí hoy, mañana, cada día, hay personas (israelíes y palestinos) que por todos sus medios buscan la paz. Lo cierto es que allí y aquí, ayer hoy y mañana la falta de compasión nos está arrancando la ternura… y la humanidad. 

Nada puede justificar una masacre: ni un legado histórico, ni la falta de recursos, ni un sistema salvajemente financiero. Nada. Porque si tenemos la suerte de contar con ideas, labios y manos, todo lo que sea propulsar el miedo está fuera de lugar.

Hoy, entrada dura en el blog. Carlos tira de llagas y heridas que sabemos que existen en un poema de amor. Pero de amor a nosotros mismos. Incluso a aquellos a los no llegarás a conocer nunca. Que no sepas de ellos, que no los veas, no significa que no existan, que no sangren y que no duelan como los demás…

¡Vota y decide!

 

Creo que mi escrito tiene que ser elegido porque es un poema, hay pocos poemas y es buena la variedad en todo, enriquece el conjunto.
Es de amor, de esperanza y reivindica la capacidad de los seres humanos para combatir la violencia y la sinrazón con deseo y corazón.
El amor puede todo, con todo.
VUELAN

Vuelan sobre nuestras cabezas esos misiles que silban muerte.

Hayamos en nuestro lecho refugio.

Yacemos juntos, pegados, siendo uno…llorando.

 

No podemos entender que hemos hecho mal,

a que Dios hemos molestado,

a que puerta hemos llamado para que no se nos deje en paz.

 

Porque somos, hemos sido y seremos

jóvenes ansiosos de libertad

que buscan un trabajo,

que tienen hambre,

sueños,

pesadillas que son provocadas por la violencia no contenida del vecino.

 

Por su ira

 

por sus ansias

 

por sus dirigentes envueltos en naftalina que viven de no dejarnos vivir a nosotros.

 

Nadie nos dice que hacer para parar esto.

 

No queremos hincar la rodilla, agachar la cabeza, sentir el ingrato sabor del que concede su libertad.

 

Mucho menos ahora,

amor mío

que dentro de poco seremos tres

y seguimos anhelando que todo cambie,

sane,

que sonriamos sin miedo a que una bala nos destroce la cabeza

por ese deseo

debemos,

tenemos que

llamar a nuestra hija…Paz.

 

Será la hija más preciosa fruto del amor de una israelí

y un palestino.

 

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