LUCHANDO – Daniel Méndez Ruano – 31/05/2016

LUCHANDO – Daniel Méndez Ruano – 31/05/2016

 

Un día llega.

Lo hace sutil, sin barreras… sin apenas percibirlo. Aunque después caiga a plomo sobre tus raíces.

Siempre he creído que lo que azota los cimientos lo hace con toda su buena intención. Para que recuperes lo que poco a poco te has ido dejando en el camino hacia lo que eres ahora. Porque nos convertimos en algo que no está hecho tan a medida como lo que el destino nos tenía preparados. Por eso la vida nos pone pruebas: a nosotros y a quienes comparten el aire que respiramos.

Enfermedad tiene diez letras. Pero muchas palabras que le atamos a conciencia… ninguna agradable, por cierto. Ante ella, no sabemos muy bien cuál será el resultado. El peor de los casos siempre cuelga del horizonte, pero no es cuestión de quedarnos colgados con él. Nos merecemos algo nuevo. Tanto si nos pone de combate en la primera línea de choque como si nos reubica la escala de valores, los días de enfermedad tienen que ser para estar. Estar aquí,… y de una vez por todas. Que cada bocanada que llega a los alveolos no sea sólo aire que respiras. Que sea más. O que sea TODO. Que te amase los malos pensamientos y tires por la borda los “debería” que has mascado tantos años.

También suceden milagros. Y no me refiero sólo a la cura. A veces hay milagros de conciencia. Uno sabe que el resultado será igual, pero no se escama la piel ni se apolilla para compadecerse, quieto y dependiente.

Uno de esos milagros es quien hoy a escrito esta entrada. Se llama Daniel. Ha luchado. Ha vencido. Y hoy escribe para todos aquellos que también quieren hacerlo. Lo de luchar y vencer.

Vivamos a por todas. Y votemos de igual modo. Gracias Daniel, que a mí y también sin esperarlo me has tocado hondo… al fondo, directo a las entrañas.

 

 

Aquí tienes mi aportación, mi historia. Una historia tan real como sincera, cargada de muchísima fuerza y ánimo de tirar para adelante. Resumida, sin profundizar ni resaltar lo menos bueno que, con 29 años, un cáncer te puede aportar. Donde mi circunstancia es la de muchas personas. Que no seré el primero y me alegraría no ser el ultimo que la supere: juntos lo haremos, juntos los hacemos . Por eso te escribo, porque estoy convencido de que en muchísimas ocasiones nuestros objetivos no se cumplen por falta de actitud positiva y falta de motivación. Por eso no nos podemos rendir ante cualquier circunstancia. Cuando estaba con la enfermedad, mucha gente me insistía en mi fuerza y en mi estado de ánimo. Yo no le daba importancia, creía que todo el mundo en mi misma situación actuaría igual. Pero no es así: por eso comparto mi historia. Por la necesidad de luchar con entusiasmo para alcanzar nuestros objetivos.

 

 

LUCHANDO. RIGUROSAMENTE PERFECTO.

 

Enero 2010. ¿Qué te pasa Dani? No sé, algo no pinta bien. Intenta descansar, aún queda guardia.

Duermo pensando en mi familia, mi chica, los planes para el día de Reyes, el partido de mi equipo, mi moto. Ven por aquí Dani. ¿Y el resultado cuál ha sido? Es un tumor en el colon. ¿Qué hay que hacer? ¿Cómo se cura? Dime, ¿cómo será el tratamiento? Cirugía y quimioterapia, cortaremos la parte dañada y uniremos. 8 sesiones de quimioterapia. ¿Cuándo empezamos? En verano quiero volver a trabajar en la piscina y a mis guardias, me apetece montar en moto. ¿Dolerá? No, será molesto y duro. ¿Perderé el pelo? Es posible, pero volverá a su estado normal. ¿Podré hacer deporte? ¿Ir a la piscina? Sí, pero tendrás limitaciones. De acuerdo. Se lo explicamos a tus padres. Sí, pero yo estoy delante. ¿Te podré preguntar lo que quiera y cuando quiera? Sí, no lo dudes. ¿Pues, a qué esperamos? Empecemos cuanto antes.

2011. Hemos visto unas manchas en el hígado. Si pude con el colon, podré con el hígado. ¿Cómo actuaremos ahora? Operamos y quimioterapia, esta será distinta. Hoy no puedo quedar, tengo ciclo, tú pones la hora para vernos mañana y merendamos juntos. Dani, ¿te cansas? No, sólo tengo mucha hambre y picor en la cara. En 21 días nos vemos.

2012. Hemos empezado perdiendo el partido 3-0, la diferencia es grande, pero daremos la vuelta al resultado, ganaremos. Este hospital es distinto. A la tercera va la vencida. ¿Qué tal estas? Recuerdo muchas cosas, han pasado muchas cosas. No Dani, eso no es cierto, has estado mucho tiempo sedado, y tu realidad no es la realidad. Volvemos a casa, recta final, sólo 6 meses, sólo 8 ciclos de quimioterapia, sólo quedan muchas pastillas.

Pasa el tiempo, trabaja, monta en moto, está casado, ríe y tiene una niña pequeña. Cuando le ven le preguntan: ¿Qué tal de lo tuyo? ¿Lo mío? Lo mío se llama libre de enfermedad y rigurosamente perfecto. Fuiste muy valiente, ¿cómo lo hiciste? Viviendo, mirando hacia delante, de la mano de mi familia, mi chica, mis amigos y mi música, teniendo la seguridad de vencer, creyendo en mí, persistiendo en el esfuerzo con actitud positiva y buen humor, para relativizar y tomar distancia ante las adversidades, disfrutando de todo lo que me rodea, contando mi historia. Con entusiasmo. Sin vergüenza. Sin miedo. Luchando, luchando, luchando.

Finales 2015. De todo aquello, quedan las revisiones semestrales, las anécdotas, una gran cicatriz en el pecho, una calva, pero sobre todo, y lo que nunca acabará, siguen las ganas de disfrutar, de reír, de cantar bajo la lluvia y saltar en los charcos, ver crecer a su hija de la mano de su chica. Aunque no pudo controlar las circunstancias, siempre fue responsable de su actitud, porque sólo los que tienen una potente actitud positiva ante la vida, consiguen superar momentos muy complejos y alcanzar metas muy especiales. Sin actitud positiva, no hay futuro.

 

JOTA2006

HIJO, CORRAMOS EL RIESGO – Sonia López – 30/05/2016

HIJO, CORRAMOS EL RIESGO – Sonia López – 30/05/2016

¿Qué sería del mundo sin valientes?

Sin personas dispuestas a todo, a todos e ir a por todas.

Porque la ilusión nos alcanza muchas veces, pero sólo en algunas estamos lo suficientemente seguros como para agarrarla fuerte de la cintura y marcarnos un lento con ella…

¿Qué sería del mundo sin curiosidad?

Sin chispa, sin motores de arranque, sin cabezotas dando la lata e insistiendo en que sí se puede cuando a todos les da por frenarles las ganas.

Porque todo aquello que se imagina, de algún modo ya está creado. Y desde cuando creamos hasta el momento en que puede ser mostrado, se da como margen una medida que no tiene nada que ver con el tiempo. Sino con la fuerza bruta de pasión que cada uno dispone por ponerse manos a la obra.

 

Quizás, una de las obras más grandes sea la de meterse de cabeza en la aventura de ser padre o madre. Sonia lo hizo. Y entre sus responsabilidades, una de las más importantes es hacer que su hijo esté dispuesto a ser quien es. Y a que tenga en la cabeza la certeza de que cada uno de nosotros es ENORME en su particular grandeza.

 

Leedla y votad. Y, ya puestos, sed valientes. Aunque sólo sea un rato…

 

¡Mi nombre es Sonia López y me encantaría poder pasar a formar parte de tu equipo! Soy maratoniana y mi dorsal de #unoentrecienmil siempre me acompaña.

Hace 10 años descubrí cual era el mejor oficio del mundo, aquel que me hace inmensamente feliz. El que me colmo de felicidad y en ocasiones me desespera. Aquel que me hace desaprender a diario y me ayuda a mejorar. Aquel que con un simple “te quiero mamá” hace que pueda tocar los dedos con las puntas de las manos. Aquel en el que invierto todas mis energías a enseñar a mis pequeños a tentar al futuro, a querer que se pueda, a no tener miedo a fallar.

Un fuerte abrazo

 

 

HIJO, CORRAMOS EL RIESGO

 

– Mamá, no se si debería hacerlo.

– Si no lo pruebas jamás sabrás si hubiese merecido la pena arriesgarse.

– ¿Tú que harías mamá?

– Sin duda, intentarlo.

– ¿Y si no me sale bien?

– Todas las decisiones que tomes conllevarán un riesgo. Para ser feliz deberás aprender a lidiar y superar todos tus miedos.

– ¿Y cómo sabré si debo o no lanzarme?

– Sólo debes asegurarte que, lo que decidas hacer, te hará feliz. Cuando sientas que eres capaz de aventurarte, de acercarte al acantilado sin miedo a caer, que lo imposible se pueda lograr, estarás preparado para empezar a trabajar por aquello que realmente desees.

Tendemos a intentar controlarlo todo, el ritmo desaforado en el que vivimos da poca opción a crear, probar, experimentar o retroceder. Todo está reglado, programado y, en muchas ocasiones, concedemos poca disyuntiva a la espontaneidad. No hay tiempo para salir del camino marcado, para dar opciones de elegir. Educamos a nuestros hijos a ser comedidos, a hacer lo correcto, a seguir las normas sin titubear, a saludar y dar las gracias. Convertimos la incertidumbre y lo desconocido en un engorroso compañero de viaje, lo que no controlamos nos abruma.

Añoro de mi infancia es el cosquilleo que me producía el no saber que pasaría. La sorpresa, lo extraño, lo inesperado, se convertía en un momento fascinante. Por esta razón, intento recuperar esa magia que tanto me hacía feliz y educar a mis hijos en la valentía, animándoles romper con los formulismos, a morder la vida sin necesitar siempre una red. Ojalá nunca permitan que nadie les diga en lo que deben soñar, que corran el riesgo a diario de ensayar distintos caminos, que sean capaces de decir lo que sienten para no perder lo que deseen. Que recuerden siempre que podrán arrebatarles todo menos la capacidad de elegir, su actitud personal ante las circunstancias, la fe en su propio futuro, la confianza ciega en su trabajo. Hijos tentad al futuro, querer que se pueda, sed humildes, no tengáis miedo a fallar. Sed osados, trabajad por de todo aquello que os haga dichosos porque el hacer es la mejor manera de decir. Morded la vida con uñas y dientes, reinventaros las veces que sea necesario, comprometeros con vuestros deseos, no dejéis pasar nunca ningún tren.

 

Porque el mundo lo cambian únicamente los que están dispuestos a ir paso tras paso sin mirar atrás, sin condicionarse por lo que dirán, que trabajan con entusiasmo desmedido, los que no fabrican excusas y sueltan todo aquello que se convierte en un lastre. Convertiros en estudiantes de por vida, hambrientos por aprender, por disfrutar de cada nuevo rincón descubierto, por hacer que las cosas sucedan.

No cultivéis la queja, elaborad soluciones, razones para querer seguir. Vivid sin pedir permiso, con agallas, devorando cada amanecer. Volad sin límites, sin prejuicios ni reproches, aceptando la imperfección, aprendiendo del error..

Recordad siempre que vuestro momento es el ahora, que si nunca os arriesgáis  a cruzar el río nunca sabréis que esconderá la otra orilla. Si vais a caer, que sea en la tentación por vivir.

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[Imagen portada: http://2.bp.blogspot.com/-R2dYqLtvJ6U/Urn_xWqXPPI/AAAAAAAAEJ8/Km0gPJntxtM/s1600/tumblr_mnoberHOek1stfyo8o1_1280.jpg]

VUELAN – Carlos del B. Iglesias – 27/05/2016

VUELAN – Carlos del B. Iglesias – 27/05/2016

La realidad que tenemos ahí afuera… deja mucho que desear.

Es doloroso que mentes ansiosas por una pureza distinta a la que ya existe busquen justificar lo que se entierra un día tras otro. La sangre de muchas historias anónimas sacuden ríos de tinta de reporteros, escritores o personas como tú y yo que sabemos que la violencia siempre mata. 

Estoy con la mente cansada del ciclo que no deja de repetirse: no hay vidas que valgan más que otras, por mucha dialéctica que se use para convencernos de lo contrario.

Lo que sucede en esa parte del mundo hace tiempo que dejó de ser una cuestión de fronteras. Es un ojo de huracán que no cesa. Y lo único cierto es que allí hoy, mañana, cada día, hay personas que mueren asesinadas. Lo cierto es que allí hoy, mañana, cada día, hay personas (israelíes y palestinos) que por todos sus medios buscan la paz. Lo cierto es que allí y aquí, ayer hoy y mañana la falta de compasión nos está arrancando la ternura… y la humanidad. 

Nada puede justificar una masacre: ni un legado histórico, ni la falta de recursos, ni un sistema salvajemente financiero. Nada. Porque si tenemos la suerte de contar con ideas, labios y manos, todo lo que sea propulsar el miedo está fuera de lugar.

Hoy, entrada dura en el blog. Carlos tira de llagas y heridas que sabemos que existen en un poema de amor. Pero de amor a nosotros mismos. Incluso a aquellos a los no llegarás a conocer nunca. Que no sepas de ellos, que no los veas, no significa que no existan, que no sangren y que no duelan como los demás…

¡Vota y decide!

 

Creo que mi escrito tiene que ser elegido porque es un poema, hay pocos poemas y es buena la variedad en todo, enriquece el conjunto.
Es de amor, de esperanza y reivindica la capacidad de los seres humanos para combatir la violencia y la sinrazón con deseo y corazón.
El amor puede todo, con todo.
VUELAN

Vuelan sobre nuestras cabezas esos misiles que silban muerte.

Hayamos en nuestro lecho refugio.

Yacemos juntos, pegados, siendo uno…llorando.

 

No podemos entender que hemos hecho mal,

a que Dios hemos molestado,

a que puerta hemos llamado para que no se nos deje en paz.

 

Porque somos, hemos sido y seremos

jóvenes ansiosos de libertad

que buscan un trabajo,

que tienen hambre,

sueños,

pesadillas que son provocadas por la violencia no contenida del vecino.

 

Por su ira

 

por sus ansias

 

por sus dirigentes envueltos en naftalina que viven de no dejarnos vivir a nosotros.

 

Nadie nos dice que hacer para parar esto.

 

No queremos hincar la rodilla, agachar la cabeza, sentir el ingrato sabor del que concede su libertad.

 

Mucho menos ahora,

amor mío

que dentro de poco seremos tres

y seguimos anhelando que todo cambie,

sane,

que sonriamos sin miedo a que una bala nos destroce la cabeza

por ese deseo

debemos,

tenemos que

llamar a nuestra hija…Paz.

 

Será la hija más preciosa fruto del amor de una israelí

y un palestino.

 

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ME BASTA CON SABER – Elena Almirall – 26/05/2016

ME BASTA CON SABER – Elena Almirall – 26/05/2016

Crecer es animarse a indagar también en el otro…

 

Elena y yo tuvimos un encuentro, después un desencuentro (pequeñito), un reencuentro y, finalmente, una historia. Una historia de amistad, lejana en distancia pero linda en cariño.

Sus letras las descubrí por casualidad. Supongo que hace bastante, porque ya no recuerdo cuándo. Desde ellas nació hacia mí una especie de cordel, algo que me ató definitivamente a la calidez con que ella despachaba su forma de entender el mundo.

Hace no mucho publicó su libro. Lo había tenido entre bambalinas para que la función finalmente fuera perfecta. Y cuando abrió el telón, un ejemplar llegó a mis manos. Lo aplaudí puesta de pie en mi propio patio de butacas. Se me hizo de noche sentada en el sillón que en ese momento reservaba para mis ratitos de lectura.

 

Y hoy… me regala esto. Un gesto sencillo, un “menos es más”. Un “stop”. Un “vamos a hacerlo despacito”.  Si esto no es gloria… mucho me temo que está tan cerca que podría decirse prácticamente al lado.

 

Así que léela ahora… pero sacando tu “slow”.

 

[NOTA: Elena ha cedido voluntariamente su texto y está fuera de concurso. Es una de las aportaciones “extra” a “Quiero que lo leas”]

 

¿Por qué este texto?

Sencillamente porque a veces me olvido de que todo es mucho más fácil. Porque a veces no me acuerdo de que todo es posible. Y porque a veces creo que no tengo elección. Por eso este texto. Porque quiero recordar que las únicas cosas que en realidad me hacen falta son las del día a día, las pequeñas, las que tengo a mano, las que no pueden comprarse, las que nacen en el corazón y vuelven al corazón. Por eso. Sólo por eso. ❤

 

Elena Almirall

ME BASTA

Me basta con saber que hay cosas que existen.

El árbol de mi calle existe.

Las nubes, la lluvia y el sol también existen.

El mar, la montaña y el cielo existen.

Los animales, los vegetales y las piedras existen.

 

Me basta con saber que hay cosas que son ciertas.

La mañana es cierta. Y la tarde.

E incluso la noche también es cierta.

Las sonrisas son ciertas.

La familia es cierta.

Tener un amigo es cierto.

La alegría, la felicidad y, por supuesto el amor, son ciertos.

 

Me basta con saber que hay elección.

Que puedo reír en vez de llorar.

Que puedo cantar en vez de reprochar.

Que puedo perdonar en vez de condenar.

Que puedo unir en vez de separar.

Que puedo amar en vez de odiar.

 

Me basta con saber que aquí y ahora

todo es posible.

Todo.

Y con eso…

Me basta.

 

 

 

 

*****

LO QUE UNA LLAVE PUEDE ABRIR – Cristina Marcos – 24/05/2016

LO QUE UNA LLAVE PUEDE ABRIR – Cristina Marcos – 24/05/2016

 

No hay dos sin tres.

 

Son seis, según dicen los expertos, los máximos puntos que separan a una persona de otra.

 

Hay mil historias en cada esquina.

 

Y más de cien motivos para contarlas.

Pero… de todos los números que existen, quizás el más enigmático es el número uno. El valiente y solitario. El que abre la veda. El comerciante de nuevas rutas… El que guarda los secretos, estoico, hasta que llega quien le sucederá.

Se sabe único. Y entiende que cuando nos referimos a él pensamos en lo irrepetible. Es el peculiar y el diferente. El que pone la primera piedra y arranca con la zancada que nunca nadie antes se atrevió a dar.

 

Uno es el deseo sin cartón piedra.

 

Uno es quien destaca por, pese y para todo.

 

Uno es también el episodio que nos cambia la vida.

 

O la llave que abre la puerta que quizás ya nunca tengamos que cerrar…

 

Hoy Cristina trae esa llave envuelta en el misterio de lo que no se sabe. En lo que puede suceder… o no. En las casualidades que se visten de seda. Y en todo a lo que hoy buscamos respuesta porque no tenemos la paciencia de crear la pregunta adecuada para ella…

Os dejo en vuestra mano esa llave… ¡y a ver si le abre las puertas de muchos votos!

 

He conocido tu iniciativa a través de “El Periódico de las Buenas Noticias” y me ha encantado tanto el proyecto como tu blog, así que me he animado a escribir y a colaborar con un relato.
¡Enhorabuena y gracias!
Motivación: Qué algo te mueva a escribir es ya un buen premio. Esta es una historia en la que todo tiene una razón de ser y donde el misterio es una revelación.

 

 

LO QUE UNA LLAVE PUEDE ABRIR

Esa mañana de principios de septiembre volvía de pasar fuera el fin de semana y al ir a pagar el billete, me di cuenta de que en el monedero había una llave y que era sin duda de una taquilla. Durante el viaje me estuve rompiendo la cabeza tratando de recordar dónde estaba la cerradura que abría aquella llave, amén de preocuparme ligeramente por este fallo de memoria, inusual en mí. Sin duda era la taquilla de un supermercado, porque son las taquillas que yo manejo. Y llegué a la conclusión de que con toda probabilidad era del supermercado del Corte Inglés. Y de que la llave debía llevar en mi cartera al menos desde el miércoles o el jueves, día en que cambié la de verano por esta. Lo más grave era que no tenía ni idea de qué podía haber dentro de esa taquilla. Hice un repaso de toda la semana: ¡Nada, vacío de información! Al final concluí que, a la salida del trabajo, me acercaría al Corte Inglés, bajaría al supermercado y se resolvería el enigma. Y así lo hice. Al principio probé la llave -de apariencia exacta a todas las demás- en las taquillas que permanecían cerradas. Sin éxito. Y después procedí a probarla en las que estaban abiertas, lo cual suponía meter una moneda de un euro, cerrar la taquilla, sacar la llave con el correspondiente llavero e introducir la mía para probar suerte. Nada. Me dirigí entonces a un empleado y le conté grosso modo la situación. Muy amable, llamó a su jefe, que se hizo un poco el remolón, le conté la historia e intentó, también sin suerte, abrir las taquillas con mi llave. Le expliqué que siempre suelo utilizar 3 taquillas en concreto: las que son más grandes y están más cerca de la salida. Él, que tenía prisa, se dirigió entonces a los guardias de seguridad del centro comercial. Les relaté nuevamente todo, que no soy despistada y que esto es algo rarísimo; en fin, más o menos traté de justificar que no soy una pirada que se dedica a hacer perder tiempo al personal. En efecto, la llave era igual, me señalaron, pero no tenía llavero. Y era verdad. Y tan pancha les dije que tenía una ligera idea de haber metido la llave en el monedero y haber pensado: “pues mira qué bien, así no me ocupa”; añadí que soy una persona metódica en este aspecto, que si la llave tiene llavero la guardo en un compartimentito del bolso y si no, cosa más frecuente de lo que ellos afirmaban, la guardo siempre en el monedero. Tras insistirme en que podría ser de otro supermercado (y me nombraron todos los de esta ciudad) y yo responderles que no había ido a ningún otro en bastante tiempo, les pregunté si ellos solían comprobar las taquillas a menudo y si en caso de que una permaneciese durante mucho tiempo cerrada, la abrían para verificar qué ocurría con ella o si les habían dicho que habían encontrado algo… NADA. Les di las gracias, manifestaron su pesar, nos despedimos y salí de allí agotada, pensando en cuántas veces una llave de una taquilla, en un bolsillo de la víctima, había resuelto el enigma del crimen de una serie policiaca. Estuve torturándome tres días más porque no recordaba ni qué abría esa llave, ni qué contenía lo que abría.

Me había olvidado casi de esta historia, cuando quince días después volví a los grandes almacenes y me disponía, como casi siempre, a depositar la cartera y una bolsa con compras, y escuché la conversación de una chica con una de las dependientas. Había hecho una compra considerable y quería dejar los productos no perecederos y de más peso hasta el día siguiente.  La empleada, muy eficiente, le explicó que tenía que consultarlo con el personal de seguridad: “cada noche revisan las taquillas para cerciorarse de que no queda ningún casillero cerrado con mercancías que puedan deteriorarse o que pudieran resultar peligrosos” -dijo. Y entonces se disparó la alarma en mi memoria y le comenté toda la historia de la llave y cómo el día en que ocurrió, el personal de seguridad que estaba de servicio se comportó de un modo extraño y para nada coincidía lo que me habían comentado con lo que al parecer era la praxis normal cada noche, quizá porque era ya a última hora, antes de cerrar y estaban cansados o quién sabe por qué.

Después de atender a la clienta que solicitaba permiso para dejar la compra hasta el día siguiente,  el guardia de seguridad de turno este día, me escuchó con mucha atención y me confirmó lo que había dicho la empleada. Le mostré la llave, que seguía conservando en el monedero, y verificó que se trataba en efecto de una llave de esas taquillas y además que el número de referencia era el consecutivo al de la llave número 20. Me acompañó entonces al servicio de atención al cliente, donde se custodian los enseres olvidados durante dos meses, al cabo de los cuales se donan a alguna ONG. Comprobaron que el servicio de mantenimiento había cambiado la cerradura número 30. En la zona de almacenaje estaba el contenido que yo había olvidado al menos quince días antes. En una bolsa había algún producto de perfumería, un foulard, y un sobre de regalo. ¡Lo había olvidado por completo! Me gusta elegir los regalos pensando en su destinatario; nunca me ha gustado regalar dinero, ni en las bodas, ni a los niños de la familia, pero en esta ocasión, de forma excepcional y por fuerza mayor, había comprado una tarjeta-regalo por valor de 150 euros para que los disfrutase como eligiese una persona muy querida tras 40 años de trabajo. Se la entregaría en la cena de despedida, a final de septiembre.

Entonces reparé por el ticket que había olvidado la compra el 5 de septiembre y que la había recuperado el día 22. Estaba claro que esto era una señal. Ni siquiera había echado de menos lo que había comprado; daba por perdido algo que no recordaba. Y no me lo pensé dos veces. Compré tres enormes cajas de bombones para los empleados del súper, de atención al cliente y para el personal de seguridad. Entregué después la tarjeta y pedí que me devolviesen el importe. Hice una parada antes de salir de los grandes almacenes. Junto a la puerta había una mesa de cuestación que casi ignoré al entrar. El 22 de septiembre es el día mundial de la leucemia. Les dejé el sobre que les estaba destinado desde el día que lo perdí, el 5 de septiembre, día internacional de la beneficencia. Me fui sin prisas, pensando en qué regalo haría a mi amiga.

 

Foto Cristina Marcos Martín

EL LIBRO VERDE – Lía Contador – 24/05/2016

EL LIBRO VERDE – Lía Contador – 24/05/2016

¿Cuáles son los mejores libros: los que ya están escritos o los que están por venir? 

¿Cuáles son las mejores historias: las que se cuentan en esos libros o las que no conoceremos nunca?

Tira de la retórica, porque sé que la respuesta es difícil…

Yo tengo mi propia teoría. Hace tiempo que creo que la verdad es ficción hasta que a alguien le da por vivirla. O que todo está por hacer y es nuestra tarea desenmarañar los hilos de los que podemos tirar. Más que nada para que tu reputación personal se sienta sana y salva contigo mism@. Perciba que algo hiciste… Da igual si grande o pequeño, que aquí es el único lugar en el que el tamaño no importa. Porque quien construye algo, por mínimo que sea, da lugar a un espacio de crecimiento.

Y en mis treintaytantos veranos que he consumido, creedme: el mayor espacio que he conocido es ese que se construye en pareja. Que una pareja, no te engañen, es lo que se crea después de que llegue el amor.

Hablando de amor, cuando se reciben retales con letras de la mano de alguien enamorada como Lía, toca leerla con detenimiento. ¡Veamos si ella te hace caer rendida a sus pies!

 

Mi nombre es Lia Contador, tengo 26 años, soy Chilena, psicóloga de profesión y actualmente me desempeñó como marketing manager… Disfruto una buena canción, reír junto a mis amigos, escuchar el viento, saborear un helado o una copa de vino y sentir la arena tibia de la playa… Escribo por gusto, en mis infinitos libros, libretas, papeles, iPad. El libro verde existe, y es mi mayor tesoro porque cuenta mi propia historia de amor y desamor… Este es un pasaje que marca el comienzo de esa historia real y su mayor valor es la esperanza y la Ilusión.

Sé que tengo muchas ganas de compartirlo, ya que es una mezcla entre realidad y ficción que narra un momento donde confluyen muchos otros fragmentos de una pareja joven, que está recién conociéndose y atreviéndose a quitar las caretas y protecciones que uno muchas veces pone de resistencia al conocer a alguien nuevo. Refleja toda la ilusión de un mágico comienzo, cuando dos personas sienten que no existe nada ni nadie más a su alrededor y deciden embarcarse en una aventura juntos.

¡Gracias por compartir esta oportunidad con el mundo!
Un abrazo,
Lia

 

EL LIBRO VERDE

Mia estaba aterrorizada. Deseaba haberse atrevido a abrir su corazón, pero hablar sobre sus sentimientos era algo que no se le daba fácil. Había quedado en silencio luego de que Alex le revelara lo que sentía por ella. Se despidieron, Mía tomó su auto y manejó en dirección a su casa. Manejaba de memoria sin pensar hacia dónde iba, mientras el corazón se le aceleraba y el olor del té de jazmín que habían estado tomando hace unos minutos en la terraza se mezclaba con las sensaciones al repasar mentalmente los fragmentos de la noche vivida. Casi por instinto, se detuvo y estacionó el auto a un costado de la calle, tomó su celular y escribió una nota: “Me gustaría decir algo en este momento, pero no puedo, estoy muda, y un poco adormecida… Tuve que parar a escribir, a escribirte. Me gustaría seguir mi intuición, trato con muchas ganas, quizás no suficiente, al menos no lo suficiente para saber si es realidad o ficción. A veces me pierdo en las idealizaciones y ahora quiero creer que hay magia, la siento y no me importa perderme”. Lo leyó tres veces. No cambio ni una sola palabra, luego copio, pegó y envió un mensaje de texto a Alex. Ahora no había vuelta atrás, había decidido compartir sus sentimientos, en parte porque ya eran tan intensos que no sabía cómo contenerlos y también porque sabía que era la única forma de comprobar si este sueño era real.

Al despertar la mañana siguiente, encontró un mensaje de Alex en su inboox de Facebook.

“Una ligera sonrisa y una infinidad de pensamientos bastaron para que el insomnio se encargara del resto. Esperaba, más temprano que tarde, la creencia que mutó a certeza con el parpadeo de mi teléfono. Disculpa que tus palabras no fueran correspondidas pero es que la impresión fue tal que enmudecí. Te agradezco el permitirme conocer aquella arista de tu ser, empero sería infinitamente  más  placentero crear un momento en que todas estas cosas confluyan simultáneamente. Aquí te dejo un ápice de mis pensamientos nocturnos”. El mensaje iba acompañado de un vídeo de la cantante islandesa Björk.

Mia no podía creerlo. Aún confundida entre la realidad y la ficción presionó el link y disfrutó los paisajes y melodías del vídeo de Joga, mientras una lágrima de alegría caía por su mejilla. Ya no tenía duda alguna, estaba completamente enamorada, este  mensaje había sido el impulso que necesitaba para embarcarse en esta nueva aventura. Quería ser precisa al enviar su respuesta, le daba miedo no lograr condensar las ideas y es que realmente no sabia cómo explicarle a Alex lo que había pensado y sentido al leer su mensaje. Por suerte, ella grababa todo en un pequeño diario personal que llamaba “El libro verde” y lo tomó para repasar las notas de los últimos días. Al leer comprobó lo que sospechaba…este amor había nacido mucho antes, sólo faltaba que el lenguaje lo trajera a la realidad… Este amor en potencia existía desde siempre, no en un espacio físico compartido, sino en el proceso continuo de creación. Sabía que explicar esto sería muy enredado, por lo que recurrió a algunos pasajes del libro verde para que Alex pudiera comprender cómo las cosas habían ido tomando su propio rumbo y cómo esto se relacionaba con el pensamiento de él y el anhelo de ella de que las cosas confluyeran simultáneamente.

Tomó cinco párrafos antiguos y anotó las fechas; quería demostrarle a Alex cómo las cosas fueron buscando un rumbo. Su mensaje había respondido las inquietudes que Mia desconocía y no había podido articular. Ahora ella no quería pensar más. No le interesaba buscar explicaciones, había compartido sus pensamientos más profundos para dejarse leer, para agradecer la sinceridad y el impulso que la habían ayudado a ver dentro de ella y atreverse a tomar esta  invitación a compartir. Luego de los cinco párrafos agregó un sexto para cerrar su respuesta

 Y si realmente existe aquel momento en que las cosas confluyen simultáneamente le temo, temo porque no logro imaginar la forma de contener esa sonrisa. 

 

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EL NIÑO Y EL MONSTRUO – Mercè Roura – 23/05/2016

EL NIÑO Y EL MONSTRUO – Mercè Roura – 23/05/2016

Las palabras, sobre todo cuando las lees o son escuchadas, pueden ser curativas.

 

La mayoría de las veces no nos damos cuenta de que las letras que salen de un labio pueden gestionar los mundos de los demás. Ese es su poder.

Hay palabras que acarician oídos y las hay que se lanzan tan llenas de furia que terminan por clavarse en nuestra forma de ver el mundo… y lo dañan. Lo dañan, lo atemorizan y lo enturbian.

Cuando las miradas viven asustadas por las palabras que les antecedieron, tenemos dos vidas por delante: una que premia y otra que apremia. La primera está hecha para quienes se colocan una escalera y ellos mismos van creando los peldaños; para quienes curan las frases dolorosas por otras más suaves y redondas; para los que terminan por cruzar los umbrales oscuros y silbar sin miedo hasta encontrar la salida. La segunda, apremia por necesidad, por gastar los minutos en algo más bello que la misma supervivencia a la que nos solemos quedar anclados.

Para unos y para otros, llega este cuento. Un cuento de paz escondida en guerra y amor envuelto en miedo. 

Porque sólo Mercè sabe poner terciopelo a la historias que más hieren, leer esto (para mí) ha sido un verdadero regalo. Y los buenos regalos siempre tienen que ser compartidos.

Bienvenido a un lunes diferente. El que llega después de que este cuento lo hagas también tuyo…

 

 

Es una reflexión que tenía guardada en mí hace tiempo… Un beso 🙂
Mercè Roura
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EL NIÑO Y EL MONSTRUO

Había una vez un niño que vivía atado a un monstruo.

No se trataba de un monstruo de esos que viven en el armario o debajo de las camas, era un monstruo de los que fuman cigarrillos y se abrillantan los zapatos.

Ante el mundo, parecía que el monstruo se ocupaba de él pero, en realidad, era él quién le daba vida al monstruo.

Algunas personas le decían que el monstruo no siempre había sido un monstruo, que hubo un tiempo en que era humano. Aunque el niño era tan pequeño entonces, que apenas lo recuerda.

Algunas veces, cuando el monstruo está cansado de gritar y el niño está escondido bajo la mesa, los ojos del monstruo se acercan con cara de suplicar perdón y parecen humanos… Aunque sólo dura unas horas. Hasta que el monstruo se enfada de nuevo por algo que siempre es culpa del niño.

A veces el monstruo se arrepiente tanto de sus gritos que se esconde días y días y se va de casa. Siempre vuelve y se enfada de nuevo, por lo que el niño piensa que, en realidad no está muy arrepentido.

El niño, a veces, se da cuenta de lo mucho que le necesita el monstruo. Parece raro pero si él no le tapara de noche con la manta, cuando se queda dormido, o le dejara la cena, el monstruo se moriría de hambre y de frío.

Es como si el niño fuera un padre y el monstruo un hijo que está tan triste que para calmar su tristeza grita y rompe cosas, como hacen algunos niños que tienen pataletas.

El monstruo -piensa el niño- es un como un niño que no ha crecido… Y a cambio, él ha tenido que crecer muy deprisa para controlar al monstruo y saber lo que le conviene.

El niño debería tal vez odiar al monstruo, pero no puede. El monstruo es demasiado egoísta y débil como para no tener piedad de él. Y el niño es demasiado fuerte y bondadoso como para odiar a alguien.

Muchas noches, el niño contempla el cielo desde la ventana de su habitación y pide deseos. No sabe qué desea ser cuando sea mayor pero siempre pide que, pase lo que pase, nunca quiere convertirse en monstruo. Y suplica que si algún día le sucede, algún niño como él esté a su lado para taparle con la manta y se atreva a decirle que es un monstruo.

El niño ha visitado mucho médicos. Médicos de esos que te curan con palabras. Le preguntan cómo está y qué necesita… Y el niño no lo entiende porque realmente quién tiene problemas es el monstruo, pero a él nadie le pregunta nada… ¿Les da miedo a ellos el monstruo? ¿por qué nadie cura a los monstruos ni se preocupa por ellos? ¿por qué nadie aleja a los monstruos de los niños?

El niño está convencido de que los monstruos necesitan muchas palabras para curarse… Escucharlas y decirlas, en voz alta, pero sin gritar… Palabras de esas que se te acumulan en el alma y hacen que te duela la garganta, como cuando quieres llorar y reprimes lágrimas… El niño imagina a veces que el monstruo acumula lágrimas y no sabe llorarlas… Y el pobre se cree que gritando saldrán pero aún se le quedan más encerradas en el pecho.

Por suerte, el niño llora. Aprendió hace mucho, cuando se sentía solo. Y cuando llora, es como si todo lo que le araña le saliera de dentro, como si las lágrimas fueran palabras… Por eso él no grita, porque no le hace falta.

Ahora que lo piensa, se da cuenta de que cuando crezca, se convertirá en un médico de monstruos,  para curarles de la penas que les hacen gritar y liberar a los niños como él.

Por cierto, te animo a que te hagas con éste y más pensamientos de Mercè en su libro “Amo la imprudencia de mis palabras”.  Tienes más información pinchando aquí.
[Imagen portada de http://www.cinepata.com]