El amor.

La lluvia de palabras que caen en torno a él.

La pereza de unas manos que abrazan nada.

El tiempo muerto que acelera el pulso antes de la cita.

La rima perfecta después de un beso.

Unas pupilas que se dilatan.

El desayuno: precario de cereales y lleno de versos.

Las ganas de ver, verte, verse.

Los nudos deshechos por mejillas que se sonrojan.

Un café de madrugada.

El pie frío que se desliza buscando calor.

El amor.

El amor…

 

Y las sábanas que callan lo que querríamos gritar a los cuatro vientos. Los vientos que beben el deseo de Pedro.  A ver a qué os huelen y después votad. Pero con amor, ¿eh? Siempre con él.

 

 

En un de los rincones de mi habitación, ahí donde reside majestuosamente mi cama, expuesta al sol y al tiempo (valor más poderoso que el dinero), doy vida a mis inquietudes. Entre las cuales destaca una pequeña persona más noble que cualquier dogma.

Sin poner calificativo porque no hay nada que pueda definir lo que supone para mi, hoy mis sábanas por fin entienden que la pasión es la formula del éxito personal.

Muchas gracias por tu tiempo y entrega.

Un beso en la frente 🙂

 

SI MIS SÁBANAS HABLASEN

 

Si mis sábanas hablasen serías carne de cañón de mis delirios. Serías enjaulada por mis pensamientos impuros, como el alma que me robas con tus exaltaciones. Serías presidente de algún gobierno republicano, de cualquier gobierno. Tú sola me venciste, tú sola puedes cambiar el mundo.

Si mis sábanas hablasen, el mundo sería mucho más alegre y menos ruin del que relatan los medios de comunicación. El mío estaría de camino entre Itacaré e Ítaca, separados únicamente por la moneda, no la lengua, que esa siempre se entiende.

Si mis sábanas pudieran elegir, conociéndolas, creo que elegirían un mundo virgen, desvestido, sin código de barra, sin miedo, sin nada.

Si mis sábanas hablasen seriamos muchos en mi cama pero mucho menos que en mi boca.

Si mis sábanas hablasen perdería el orgullo, la negación, los malos días que me cocino y me dejo cocinar, las horas que me escondo, la noche, la vergüenza, el control… Perdería hasta la cabeza, perdería mi cuerpo, mi cuerpo en ti.

Si mis sábanas hablasen lo harían con mucha calma y ternura, como una ópera de Verdi en el mar Egeo, como una banda sonora de Ludovico Einaudi en Peña Santa, como un poema de Mario Benedetti en el teatro Solis, como el silencio que guardas justo después de hacerlo.

Si mis sábanas hablasen, pensarían antes de hablar, actuarían antes que hablar, hablarían justo antes de hacerlo.

Si mis sábanas hablasen, tendrían una voz suave, dulce, cariñosa, desahogada pero con muchísimo ingenio.

Si mis sabanas hablasen seguramente te diría lo que yo no te digo y te lo explicaría con calma, con tiempo, con cariño.

Si mis sábanas hablasen no hablarían de guerra, bueno sí, la única guerra que quiero es la que me das en la cama.

Si mis sábanas hablasen serías incontestable, capital de la doctrina liberal; serías magia, agua, fuego, tierra, en breves serás aire. Serías parte de mí, parte de todos. Serías la última palabra de cada frase, la que se recuerda, la que no se olvida.

 

Perico Miquel

 

pedromiquel.ferrer@gmail.com

Foto

 

 

 

 

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