¿Qué hay después de la vida? La pregunta que nos llevamos haciendo toda la existencia.

Quiero creer que hay más vida, del modus operandi que se le antoje al Universo. Sin embargo, hay otras dudas que nunca nos cuestionamos. Porque, ¿qué hay antes de nuestra muerte? Lo digo por aquellos que pierden demasiado la fe, las ganas… y mueren antes de hora pese a estar respirando. Aunque por esto de la compensación, digo yo, también existen quienes viven multiplicados por dos. Y los que se dividen para dar de sí mucho más en las vidas de otros.

Soy donante de médula. Mi familia sabe mi deseo de que todo lo que me ha bombeado sangre y oxígeno, todo lo que se quede cuerdo y con cuerda cuando yo decida convertirme en un suspiro, vaya a brotar en otras caras, otros cuerpos y otras risas. Hay verbos imprescindibles que tenemos que usar a menudo: latir, amar, perdonar, creer, crear, jugar… y compartir. 

Donar es la más generosa opción de ofrecer lo tuyo. Nada nos pertenece. Y sin embargo todo nos llama.

Bendita la carta de Gloria (¡qué nombre…!) que hoy llega hasta aquí. Votad por ella y elegid vuestros verbos para hoy.

 

Cuento cosas con las que cualquier persona puede sentirse identificada, porque hablo con el corazón y con el objetivo de sumar conciencia a esta buena causa. Además, pretendo dar importancia a la donación de órganos. Tras la vida, puede haber más vida, aunque no sea la tuya. Y resulta reconfortante saber que tanto tu vida como tu muerte no ha sido en vano si otra persona puede reconstruir su futuro gracias a ti.

Soy Gloria, madre de dos hijos de 11 y 8 años. Estoy acabando a mis cuarenta Grado en Psicología,… sueño que al final pude llevar a cabo gracias al apoyo y paciencia de mi marido. Ha supuesto un gran reto en mi vida ya que lo he compartido con la crianza de mis hijos, trabajo y otros menesteres que podáis imaginar.

Me encanta leer, escribir y la psicología, sobre todo aplicada en su rama social.
Mi objetivo al finalizar mi carrera es poder utilizar lo aprendido ayudando a los demás. De no ser posible, aspiro a que estos años invertidos me sirvan para valorar y disfrutar más todo lo que tengo a mi alrededor y conseguir ser mejor persona.
Gracias por la oportunidad que nos concedes de expresarnos y mezclar nuestras palabras con las tuyas.
POR SI MUERO MAÑANA…

Viendo los actuales acontecimientos, no nos queda otra opción que la de vernos más vulnerables si cabe ante los caprichos del destino, o la terrible injusticia en manos de aquellos que creen tener la razón absoluta y el poder de tomarse la ley por su mano en nombre de alguna causa.

Tan a oscuras se augura el futuro, que he decidido dejar constancia del legado que dejo a mis hijos, por si muero mañana.

Visto lo visto, uno no sólo puede esperar la muerte cuando lleva una vida poco saludable, conduce bajo los efectos del alcohol o lo hace de forma temeraria. También podemos esperar nuestro momento final tomando un café con los amigos, paseando tranquilamente por un parque o asistiendo a cualquier acto cultural en nuestra ciudad. Al parecer estas conductas pueden sentenciar tu vida en un momento dado.

La Organización Mundial de la Salud tendrá que incluir, en breve, un plan de prevención contra otra epidemia, al parecer tan letal como cualquiera de las ya conocidas: la libertad.

Hace un año acompañé en el que sería, sin que lo supiéramos, el último mes de vida de mi hermano. El cáncer fue apagando con anhelo cada minuto de lo que le quedaba de vida. Fuimos muy pocos los que pudimos compartir con él esos días. No quería que lo vieran en ese estado. Quiso morir sin descendencia y rodearse en esos duros momentos de quien fuera imprescindible. Deseaba que el resto sólo guardara de él los mejores momentos.

Mi pena era tan grande como su agonía. Paradojas de la vida que nos llevó a compartir los pasos. Con él di yo mis primeros pasos, conmigo compartió él los que serían sus últimos. Como consuelo decir que se fue de este mundo tranquilo, rodeado de la gente que le quería y sin haber llegado a sufrir el terrible momento de sobrevivir a la pérdida de un familiar tan querido.

Era tanto de mi lo que se estaba quedando en aquel hospital, que decidí de alguna
manera quedarme allí por completo. Doné todos mis órganos y añadí que el resto se donara para el estudio y avance de la ciencia. Fin que lucha por alargar y mejorar nuestra vida, mientras otros no dudan en arrebatárnosla.

Hoy incluyo este hecho en el testamento que aún en vida estoy brindando a mis hijos. Les dono los buenos momentos compartidos, los abrazos, los besos y las risas de las que disfrutamos. Les dejo la curiosidad, el afán por vivir grandes momentos a raíz de hechos, al parecer insignificantes. Les cedo la gratitud que con todo lo que nos rodea nos regaló el destino. La mirada limpia, la cabeza alta y el cariño bien repartido.

Aunque ellos todavía son pequeños para valorar ciertas cosas, algún día sabrán que les hice uno de los regalos más grandes que cabe esperar. Les he dado el mejor padre del mundo, algo que me enorgullece y me alivia, ya que si ciertamente muero mañana, los dejo buen recaudo. Impensables mejores manos, le brillan los ojos cuando los mira, admira y valora cada pequeño gesto, les tiene una paciencia infinita y da el amor del universo con cada abrazo.

Además cuentan con el gran afecto de los abuelos y otros seres queridos. Quienes sé que se desvivirían por ellos como en ocasiones lo han hecho conmigo.

Y una vez, cuando el irremediable destino venga a cobrarse lo cedido y cada parte de mi cuerpo se halle repartido según mi voluntad, me gustaría que mirasen al cielo, me sintieran en el aire y me buscaran, no en un nicho, ni en una foto si quiera, sino en el rostro de alguna persona feliz.

Me encantaría poder estar en sus recuerdos bonitos, en los buenos ejemplos que pude darles si estos consiguieron aportarles algo positivo. He procurado darles todo el amor que he sabido, aunque me iré con la pena de no haberlos disfrutado tanto como hubiera querido.

Me gustaría que me encontraran en los ojos de la gente buena de corazón, personas dichosas que disfrutan de una segunda oportunidad para seguir viviendo. Personas que devuelven la sonrisa agradecidos por seguir vivos, recuperando los escollos de esperanza que habían perdido, con nuevas ganas de aprovechar al máximo su nuevo destino. Porque, quién sabe, igual llevan un trozo de mi hígado, mi pulmón, mis ojos o mi corazón.

Qué gran recompensa será morir si con lo que queda de mi, tanto mi cuerpo, como mi recuerdo, consigue en algún momento hacer a alguien feliz.

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Un comentario en “POR SI MUERO MAÑANA – Gloria García García – 21/12/2015

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