Hay personas que llegan aquí con un extra. Son la tertulia que no deseas que se acabe o la copa de vino que, sin querer, mancha el sofá… Puede que sea el recuerdo que dejan. Quizás el modo en que observan, su sello, el que distingue. La magia se puede manifestar en las mínimas cosas. El roce de una mano. El plan no previsto. El tren que se nos escapa para ceder mapa al que crea la nueva historia…

El extra de esas personas no se cuantifica. Pero, ¡Dios!, cómo magnifica. Imanta y hace crecer al que pilla por banda. No…, no se cuantifica, pero suma, multiplica, explora y amén.

Tengo la suerte de que Pal se cruzase así en mi vida. Quizás también lo haga en la vuestra. Porque su extra marca una dirección concreta, exacta… A ver si adivináis a dónde…

 

Periodista, autónoma y ahora empresaria, pero sobre todo una defensora incondicional de las animales. Tengo una gran familia de cuatro bellezones, ¡Tam Tam, Burton, Miguelito y Rose!, todos adoptados. Con todo mi amor hacia ellos escribo estas líneas en defensa de sus derechos, de su dignidad, de su vida, esperando que algún día esta sociedad en la que vivimos deje de abandonarles, maltratarles, torturarles y asesinarles impunemente.  Va por vosotros, ¡¡¡OS QUIERO!!!

 

ÁNGELES

Le conocí una noche cenando en casa de unos amigos y tuve un flechazo, de esos que sabes que son para siempre, y ya he tenido tres. Se acercó a mí, y sé sentó a mi lado, nos miramos y supe que ese bretón precioso, triste y solitario en busca de cariño y amor que dar y recibir sería nuestro ángel de la guarda durante los años que le quedaban de vida. Era uno de los peludos que más tiempo llevaba esperando una adopción, el peludo que ya nadie quería, mayor, entrado en kilos y con alguna que otra enfermedad, bueno, alguna que otra no, todas,  pero lo que nadie sabía es que era un ángel de color canela y manchas marrones de los que se cruzan en tu vida para hacerte feliz y sacar lo mejor de ti. Así era Aladín, con una personalidad arrolladora, inteligente, amigo de sus amigos y con una fortaleza como no he conocido a nadie. Nos convertimos en inseparables, adelgazamos casi 10 kilos y aunque sufrías todas las enfermedades caninas que se pueden contraer, tus ganas de vivir y como digo, tu arrolladora personalidad, te convirtieron en el padre y la madre perfecta de Tam Tam. Y así llegó a nuestras vidas la segunda de la familia, una galga preciosa de tres semanas arrojada a través de los muros de una protectora porque a su explotador galguero no le servía con tamaño tan pequeño… Suerte, sí, porque afortunadamente, o eso creo, no le dio tiempo a sufrir el maltrato. Tam Tam, como los tambores de guerra, no pudieron ponerte mejor nombre cuando te recogieron en “La Camada”. Quiero hacer un inciso llegados a este punto. Todavía hoy en nuestro país hay muchos pueblos  donde el galgo es maltratado, torturado y asesinado con total impunidad y que adoptar a alguien tan bello es una experiencia maravillosa. Con Tam Tam llegó la locura, ella es born to be wild, nacida libre, indomable, contestona, desobediente, pero la perrita más lista y absolutamente cariñosa y encantadora, eso sí, cuando ella quiere, que jamás he conocido. Espectacular, y bella, dispuesta a darlo todo en cada paseo por el campo. Es capaz de alborotar a vacas, de robar meriendas como  el oso yogui; de morderle una pata a una vaca y de subirse a un autobús escolar para comerse todas las chuches de los niños y escapar del enfado de su conductor. Así es Tam Tam, quiere incondicionalmente, y vive al límite. Quiso Aladín hasta que le enfadaba, pero él la consentía todo y el día de su muerte le buscó por la casa hasta que se dio cuenta que no volvería y nos ladró mostrándonos su dolor y preguntándonos: “¿por qué?”

 

Burton había coincidido menos tiempo con él. Aladín le tuvo celos desde el primer día, le costaba compartir nuestro cariño y así se lo hizo saber. Pero Burton tampoco venía de una infancia fácil y tuvieron sus más y sus menos. Nuestro gorilón, brutote, un amor de 40 kilos, más bueno que el pan, y con el que quisimos rendir homenaje a uno de nuestros directores preferidos. Burton, la paciencia personificada, mezcla de mastín y sabueso, un regalo de reyes que se hizo grande y que sus primeros dueños abandonaron en nuestro portal, y donde comen dos, comen tres nos dijimos.

 

18 patas en un piso ya eran muchas patas, así que decidimos mudarnos a un adosado con jardín para que nuestros peques estuvieran más a gusto. Una noche, mientras salíamos de dar un paseo, vimos a un galgo negro, majestuoso, correr despavorido, huyendo. Intentamos seguirle,pero le perdimos en la noche….  Mi segundo flechazo perruno estaba ahí, al día siguiente fuimos a buscarle con amigos de Baaslgo, con Miguel, quien finalmente le rescató ayudado por su bella Lola. Y así fue como Miguelito llegó a nuestras vidas. Miedo en sus ojos,miedo a las personas, miedo a una fregona, miedo a una escoba cuando vas a limpiar, y no digo más. Ha pasado un año y Miguelito va recuperando su autoestima, su confianza en el ser humano y en compartir todo su amor. Es, sin duda, la reencarnación de Aladín, un alma bella y pura, –los que tenemos galgos lo entendemos, sabemos perfectamente que detrás de todo galgo hay una estrella maravillosa que guía tus pasos y que cuando te considera su amigo, te hace sentir la persona más especial del mundo. Miguelito ha recuperado las ganas de jugar desde que Rose, la quinta de la familia, llegó a nuestras vidas hace ahora seis meses. La pequeña Rose, un terremoto besucón y cariñoso que ha devuelto la juventud a Miguelito. Seguro que Rose nos dará para otra gran historia, y quién sabe si alguien más si mi tercer flechazo en esta historia, y mi primero en la vida, me lo permite, mi querido Daniel.

 

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