Hay una especie de enajenación mental transitoria aceptada en sociedad. Se llama flechazo. Y va más allá, mucho más allá de la picardía y el picardías, de las noches sin horas y la guerra tribal en la cama. Está a muchos kilómetros de las ganas de verse, a miles de distancia del deseo más puro. No se esconde en lo que te revienta el sostén. Ni en los mensajes que iluminan la habitación a las tantas de la madrugada. No tiene nada que ver con las ojeras del día después, las copas de vino y las armas de seducción sin IVA…

El flechazo lanza su imán más lejos aún. Cuando todo lo que la venda tapa termina por mostrarse… Los “peros”, los surcos, las grietas, los quiebros. Los giros que te llevan por donde no querías, donde no esperabas pero, pese a todo, los caminas. Avanzas incluso en el sentido contrario a las señales que pensabas que eran tuyas. Porque te vas acostumbrando a esa dosis de alegría. Porque la felicidad se dispone sólo a los valientes.

Y porque cuando uno es valiente (como Vicent), nunca baila con la más fea. Sino que marca el ritmo a través del talle de la cintura de quien sabes que está hecho a nuestra medida.

Voten… y amen.

 

¿Bailamos? Va dedicado a una persona muy especial que me cambió la vida y que, como se desprende del texto, no tardaréis mucho en entender que es mi novia.
Creo que al final no deja de ser un canto a la vida y al verdadero amor (tan poco de moda en los tiempos que corren), por ejemplo hay libros por ahí que se titulan “El amor dura tres años”. El título de este libro inspiró el texto. Hizo que de alguna forma quisiera revelarme contra él. El amor es una decisión que toca cuidar cada día y no tanto un sentimiento.

 

¿BAILAMOS?

“Sólo necesitamos veinte segundos de coraje irracional, veinte segundos, y el resultado será algo magnífico”

 

¿Bailamos? Te veo mejor de cerca dando alguna que otra vuelta y jugando al tres en ralla con tus pies. Baila como si no pasara nada. Y canta. Todo irá bien. Son sólo unos segundos de coraje irracional. Te bajo el cielo un rato. Pararemos el tiempo para conocernos. Esto es solo una aproximación. Y después de 3 años me quedaré…

Después de tres años, cuando se me haya caído la máscara, cuando nuestras máscaras estén hechas añicos, me quedaré. Cuando hayamos discutido y cedido por encima de nuestras posibilidades, cuando hayamos comprendido la inutilidad del miedo después de intentar cambiar por el otro sin éxito, me quedaré. Cuando perdamos las ganas de perdernos, conozcamos nuestro lado amargo, los defectos se multipliquen por tres y conozca todos los tonos de tu voz, me quedaré. Cuando conozca el sabor de tus lagrimas, las de alegría y las de pena, cuando conozca el significado de cada segundo de tus silencios, me quedaré. Cuando aprenda que la paciencia es la más valiosa y sutil de las virtudes y que las personas te quieren como pueden, no como tú quieres que te quieran, me quedaré.

Dicen que todo lo realmente grande empieza desde el cero más profundo ¿empezamos? Sólo hay que dejarse llevar, ¿bailamos?…

Aunque me falte el aire cada vez que te espere en el portal a que bajes, me dejaré llevar. Me dejaré llevar para descubrir de tu mano que existe vida en la calle los fin de semanas antes de las 8 de la tarde, para descubrir rincones y sembrar de recuerdos todo Madrid. Me dejaré llevar cuando me brillen los ojos y se me caiga la baba cada vez que te vea. Cuando cada día mire hacia arriba y de las gracias por haberte conocido y porque me hayas elegido. Me dejaré llevar cuando me muera de miedo al ver que mi vida está cambiando. Cuando esté sin fumar una hora y media de antes de verte por el sabor del primer beso. Me dejaré llevar cuando tenga todo perfectamente descontrolado. Cuando me sienta más fuerte, valiente e intrépido que nunca pero en el fondo esté… acojonado. Me dejaré llevar cuando mi coche se inunde del olor de tu colonia. También cuando a las 7 de la mañana del día siguiente todo siga oliendo a ti dentro de ese maldito coche, pero en vez de ir a recogerte, tenga que aguantar 12 horas para volver a verte. Cuando por primera vez mire el reloj para salir de trabajar. Me dejaré llevar cuando confíe y ponga la mano en el fuego por ti siempre aunque me abrase. Cuando me convierta en una persona vulnerable. Me dejaré llevar cuando me escuches con esos ojos enormes como si te estuviera descubriendo un tesoro cada día y me hagas sentir el hombre más inteligente del mundo. Cuando aprenda a escuchar.

Me quedaré cuando de tanto quererte parezca que ya no te quiero. Cuando después de insistir en el amor que sentimos, nos demos cuenta que no lo sentimos sino que nos hemos decidido, porque el amor no es un sentimiento, sino una decisión, una decisión que toca cuidar cada día. Me quedaré cuando te quedes a regar nuestro jardín aunque llueva y te admire por ello, fascinado….

Todo esto es lo que te hubiera dicho el primer día que te vi y te pregunté si querías bailar. O cuando pasaron 14 días y te comente que necesitaba verte más porque te echaba de menos. Pero prefería guardármelo para hacer el ridículo con esta carta cuando ya hubieras decido quedarte.

Brinda conmigo porque aunque van diciendo por ahí que el amor sólo dura tres años, yo te digo que no. No, no. El amor no dura 3 años. El amor empieza cuando después de 3 años decides quedarte.

 

Kj_yP_Pp

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