Recuerdo cuando mi padre me cantaba aquella “Carta para María” delante del tocadiscos. Siempre que llegaba al final, volvía a pedirle que empezáramos de nuevo. En bucle. Una y otra vez. La carta se convertía siempre en una “Carta para Rocío” y yo era más feliz que unas castañuelas. Y no porque me estuvieran creando una canción in situ, sino por el recuerdo tan maravilloso que habría de traerme 30 años después. La vida es coleccionar esos momentos sin que se marchiten. ¿Verdad?

Por eso, palabras como las de David me emocionan. Supongo que el amor de un hijo desbarata cualquier trama de cómo podría haber sido para ser traspasada por un wow!. El amor está hecho para desparramarlo, desbocarlo, derrocharlo y descorcharlo. Y, ¡claro! para escribirle cartas de amor…

 

No vendo nada, para mí es un regalo poder participar en esta idea. Por ello, regalo mis palabras para quien las quiera leer, regalo mis pensamientos para quien los quiera entender y regalo mis sentimientos para quien los quiera sentir. Todo está ahí mismo, unas líneas más abajo; sírvase usted mismo.

 

CARTA A MI PEQUEÑA PRINCESA

Sueña princesa, que soñar no cuesta, sueña que es fácil, sueña que es bonito; sueña princesa que eres libre de soñar lo que quieras, sueña princesa que eres feliz, sueña princesa que todos tus deseos se cumplan, lo que quieras, pero por favor sueña. Luego, lucha duro cada día por cumplir cada uno de esos sueños, sin olvidar nunca que la vida te brinda cada mañana la oportunidad de soñar y cumplir nuevos sueños; y recuerda que tú, lo mejor de mi vida, vienes de un sueño, el que en su día tuvimos tu madre y yo.

Sonríe pequeña, porque los días son inmensamente más bonitos si lo haces, sonríe pequeña, porque para alguien puede ser la luz de un día oscuro, sonríe pequeña para plantarle cara al dolor, porque con una sonrisa las penas son menos penas, sonríe pequeña, porque todas esas penas que hoy te hacen llorar, mañana ya serán pasado, sonríe pequeña porque el Sol salió solo para escuchar la bella melodía de tu risa, sonríe pequeña aunque sea porque cada vez que lo haces, soy el hombre más feliz sobre la faz de la tierra.

Ama hija mía, ama a la vida sobre todas las cosas, enamórate hija, del Sol que sale cada día, enamórate de la brillante Luna de cada noche, enamórate del frío invernal, de las flores primaverales, del mar cálido de las playas en verano, de las hojas que caen en Otoño, ama la lluvia que lo riega todo de tristeza, y del arcoiris que ilumina todo de alegría, porque todo, forma parte de la vida, y la vida está para amarla, amarla hasta el último instante, beber de ella hasta el último sorbo y rebañar hasta dejarla seca del todo.

Respeta cariño, respeta a todas las personas que te encuentres en el camino, respeta su imagen, sus creencias, su forma de pensar, sus sueños, pero por encima de todo, respétate a ti misma, respeta tus creencias, tus pensamientos, y tus ilusiones, sé sincera, verdadera y real, y pelea por aquello que anhelas, de esa manera, lograrás lo que te propongas, o al menos el derecho, a que nadie te diga que fracasaste, porque fracasar no significa no lograrlo, fracasar es sencillamente, no intentarlo.

Avanza sin miedo, pues el miedo solo te traerá dudas, y las dudas solo te robarán tiempo de abrir otra puerta más, y descubrir qué se esconde tras ella. Laméntate de equivocarte, pero no te arrepientas de no haberlo intentado. Quéjate del  amargo sabor, pero no te quedes con las ganas de probarlo. Llora cuando te rompan el alma y el corazón, cuantas veces hagan falta, pero no dejes de regalar tu inagotable cariño y tu infinita sonrisa.

Me gustaría evitar tus caídas, tus errores, todos tus lamentos, evitar todo aquello que te hará daño, pero no puedo, no podré hacerlo. Debes dar esos pasos obligatorios, pasar esos peajes que la vida te impondrá, lo único que puedo hacer al respecto, es decirte que cada vez que te caigas, estarás más cerca de llegar a tu destino, que cada vez que te equivoques, estarás más cerca de dar con la respuesta verdadera, que tú y solo tú, debes decidir los pasos a seguir, porque esta vida, tú y solo tú la vas a vivir, tú y solo tú la vas a disfrutar, y tú y solo tú, te llevarás las cosas buenas y malas que te ocurran. Intentaré estar ahí para ayudar a levantarte, para celebrar tus victorias, pero si no lo estuviera, recuerda que desde donde quiera que esté, estaré orgulloso de ti, por el mero hecho de que sigas en pie, decidiendo cada uno de los pasos que das, que sea cual sea, para mí siempre será el correcto si fue el que tú deseaste dar.

Ahí la tienes, a tus pies, entera para ti, esperando a ser devorada a bocados, vive la vida pequeña princesa.

 

 

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