El Aprendiz es luz. Aquí podría cerrarse su definición, porque eso engloba miles de cosas. Pero, ¿qué es ser luz? Pues supongo que ser referente, ser faro, estar dispuesto a regalar toujours esa sonrisa como la curva más bonita… Sí… hay gente bonita. El Aprendiz forma parte de ese cupo. Así que, familia, ¡¡a votar!!

 

Pasamos todos los días por la vida y no paramos de ver, oír y sentir infinidad de cosas que suceden a nuestro alrededor. Hay algunas que activan en ti: un ¡“click”!, y sólo se trata de estar atento. Si llega ese momento, si llega ese click, pon tu atención, tu fuerza, tus ganas, y da lo mejor de ti.
Este texto, es para ayudar y  enseñarnos a todos que una vida es mucho tiempo, muchísimo y suficiente, para comprender que el amor es la única y mejor forma de estar aquí, de vivir aquí y de gastar nuestros días.
Hay personas que te enseñan a amar de forma incondicional. Él fue una de ellas, y le quiero tanto que, cuando pienso en él, me duelen hasta las pestañas. Gracias.
HASTA QUE TE DUELAN LAS PESTAÑAS
 

Primero, no existíamos ni el uno, ni el otro. Pero a partir de ese momento, todo cambió. Luego aparecimos en escena: primero Él, y luego yo. Al principio, él era un joven soberbio. Yo, una indefensa mota de polvo en el universo.

Nuestra relación empezó a crecer, que no a prosperar, como crecen las semillas que se plantan con la esperanza de que un día se conviertan en una hermosa flor. Despacio e inevitablemente, porque ese es el curso de la vida.

Más tarde, Él fue un Joven algo menos soberbio, más equilibrado, responsable y yo un niño que crecía con la esperanza de que cada nuevo día fuese una fiesta. Nuestra relación se basaba en el respeto, incluso en el miedo, y estaba marcada por una clara sensación de que el afecto y la protección debían estar presentes porque es “así como debía ser”. Los días pasaban, pasaban los meses, las sonrisas, los llantos, los momentos tristes, los alegres y los emocionantes.

El niño crecía, porque no se le puede poner barreras al campo, y dejó atrás cierto grado de ilusión para ser un hombre antes del momento establecido para ello. El que le dio la vida no tenía una dilatada experiencia, pero sus párpados cansados y su rostro maduro le hacían pensar que aconsejar por medio de imposiciones amorosas era una buena idea. Pero el agua y el fuego son distintos, porque cada uno de ellos es lo que debe ser. El agua debe correr, debe fluir, explorar y encontrar su propio camino. El fuego ha de proporcionar calidez, protección y tiene la sabiduría de los tiempos inmemorables.

El padre restaba impaciente por ver a su flor crecer, y rezaba para que creciese fuerte y hermosa. Aún a sabiendas de que no era un estupendo jardinero. Se dijo a si mismo que nunca había ido a la escuela de los jardineros, así que lo haría lo mejor que pudiese. El niño que se creía hombre, se volvió egoísta y soberbio,… y quiso explorar mil caminos que no conducían a ningún lugar. Vivió y exploró, hasta que sintió dentro suyo que el hogar no está en ningún lugar lejano o desconocido.

El jardinero suspiró, pues una nueva época llegaba y, aunque no se lo dijese a su flor, se sentía feliz porque el Jardín empezaba a ser como él deseaba. El Joven, comprendió sutilmente cuál era la naturaleza de la vida y se lo quiso explicar al Jardinero. Pero el Jardinero le apremió:

– ¿Como puede saber más una flor que un bosque?

Pasó el tiempo, y el jardinero, observaba a su flor y la flor observaba al jardinero. Muchas tormentas se sucedieron y muchos cálidos veranos. Y el niño, que fue niño, luego joven y más tarde adulto, le dijo al menguado Jardinero:

– Hoy me convierto en Hombre.
Le hizo entender al Jardinero que Él no era un bosque y le enseñó como era el bosque de verdad. El Jardinero sonrío entusiasmado y, regocijado consigo mismo, dijo:
– ¡Qué flor tan hermosa eres!
A lo cual la flor respondió:
– Si mil veces hubiesen de cuidar mi jardín, no se me ocurre mejor jardinero para proteger tan preciado tesoro.

En ese instante, estas dos flores tan diferentes en el jardín de la vida empezaron a disfrutar de su propia existencia juntos. El viento las agitó juntas, para poder apoyarse la una a la otra. La lluvia las regó juntas, para poder compartir y aprender de las experiencias de la vida. El sol las calentó y las alimentó, para sentirse protegidas y sonreír por el bienestar que la vida les ofrecía. El tiempo les ofrecía cada día un preciado tesoro, para comprender que sin él no podrían disfrutar de todo aquello que ahora tenían y ambos se sintieron tremendamente agradecidos.

Desde el instante cero, todo evolucionó, porque no tendría sentido que hubiese sido de otra manera. Las flores crecieron, cada una viviendo su propio devenir, y llegó el momento en que por fin estuvieron en plena armonía para comprender lo importante. Sonreían mientras se miraban a los ojos y no hacían falta las palabras, porque el amor estaba presente y fluía de ellas, por cada uno de los poros de su piel.

Así que no lo demores: hazlo. AMA incondicionalmente,… hasta que te duelan las pestañas.

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