Maribel sonríe. Sonríe y se delata en una mujer con mucha vida y tambien vidilla (que hay diferencia de matices) detrás de esa mirada tan abierta. Aunque cerrase los ojos, su mirada seguiría atravesándote. Ahí. Con descaro. Ya sabes que desde YA puedes votar por el nuevo texto que llega con las ganas de querer unirse al libro de “Un buen día lo tiene cualquiera”. ¡¡Suerte!!

 

 

Siempre soñé con un  libro compartido, una historia desbordada, un sueño febril, delirante. Una pasión, vivida entre todos.

 

LO MEJOR DE MI

Me gusta la tibia luz de la mañana, entrando por la ventana, mientras saboreo el primer café. Perezosa aún, recupero los restos del sueño y los abrazos del mimosón Tomás, que me moja la cara con sus besos. ¡¡Estas son las magníficas mañanas de fiesta!!

Me gusta esperar a mi amiga Maite y su brava Tesa, para juntas lanzarnos puente arriba a la caza de las primeras risas de la fresca mañana de otoño. A golpe de zapatilla, saludar a María y a todos los hermanados caminantes matutinos.

Volver a casa, y sentir que todo está bien, el calor de hogar que me abraza, mordisquear un trozo de pan tostado con aceite y encender el ordenador deseando escribir, ese compás de palabras que me arrulla el alma. 

Con los auriculares puestos, de espaldas al mundo. Me gusta soñar despierta, dar vida poética a tantos trinos palpitantes, envueltos en pañuelos blancos. Mientras la casa se llena de olor a puchero.

Me gusta ver sobre la mesa ese frutero de madera que me regalaste, hoy repleto de las primeras mandarinas. Lo imagino hecho de una pieza del mejor árbol de la Selva Negra y, sobre todo, traído con cariño, desde tan lejos. Siempre me acerca a tu recuerdo.

Me gustan los mensajes de “buenos días”; el de Paco, siempre el primero, que me recuerda que está un poco lejos, un poco solo y que se va Gandía, a pasear la perra, o a dar de comer a los palomos y que le sabe mal que esté tan lejos. Añora conversar.

Me gusta distraerme un poco y recordar el verano, cuando jugábamos como niños a la orilla de la playa, con las raquetas y yo te mandaba la pelota al agua, lejos, para que te mojaras. Mientras nos reíamos de que no sabías donde habías dejado el coche y lo poco que importaba.

Me gusta asomarme a la ventana y mirar hacia la tuya, adivinarte feliz con un libro entre manos y recordar que anoche nos acabamos juntas la botella de vino a la tibia luz de las confidencias.

Me gusta pensar en los míos y saberlos protegidos con mi cariño, imaginarlos felices. A Manuel, preparando su viaje a Roma.  A Ventura, independiente, ajetreada, estrenando sus clases de inglés. A Jesús, planificando su pequeño negocio en el nuevo mercado.

Me gusta tumbarme después de comer, taparme con la manta y respirar notando como entra el aire por la nariz a la par que los pensamientos distraídos, mientras se borran los pies, las rodillas, las caderas, los temores y el cansancio. En un suspiro recibo la tarde de nuevo

Me gusta sentir que todo comienza de nuevo, tras la pausa, poder hacerlo mejor. En la calle, Ana sigue sonriendo, los niños empiezan a tomar la plaza, los columpios febriles. Y centro los pasos hacia algún recado casi preciso. Además de sonreír, además de escribir, además de cantar, además de los dibujos preciosos de Tomás.

Me gusta SABERME AFORTUNADA DE TODO LO QUE TENGO A MI ALREDEDOR.

 

quiero que lo leas 1

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