LA LUNA Y EL MAR – Javier García 29/10/2015

LA LUNA Y EL MAR – Javier García 29/10/2015

Javi ha llegado al proyecto creo que con la idea de que todos recordemos aquellos viejos cuentos que quizás teníamos la suerte de que nos facilitaran lo de cerrar los ojos cada noche. Esos que nos dejaban con la idea clara en la cabeza de mejorar esto… o aquello… o lo de más allá al día siguiente. De meternos el gusanillo de investigar algo nuevo o meter la zarpa en cualquier miedo para vencerlo de una vez. Desde luego, éste será uno de esos cuentos que yo sí leeré a mis retoños. Una y otra vez. ¡Suerte Javi! Ahora él es vuestro. =)

 

 

Se supone que tengo que venderme para que mi texto sea elegido. Pero la verdad es que soy mal vendedor, y más de mis textos. Sólo puedo decir que me encanta escribir y que lo hago desde siempre. El texto que os envío es una especie de cuento. Alguien me dijo que le gustaba tanto que pensaba contárselo a sus hijos antes de ir a dormir. Lo importante es que, además de ser para niños, creo que también los adultos pueden descubrir algún mensaje positivo en esta historia. Aunque eso dependerá de cada lector, com siempre.
En cualquier caso, es un placer participar. Se agradece mucho que deis voz a los escritores aficionados, que somos muchos, y permitirnos tener la ilusión de que alguno de nuestros textos pueda llegar a ver la luz de esta manera.
Además, los beneficios serán para una buena causa. ¿Qué más se puede pedir?
Así que, ¡muchas gracias!
LA LUNA Y EL MAR

Cuenta la leyenda que, al principio de los tiempos, la Luna tenía miedo a la oscuridad. No soportaba estar en tinieblas y no conseguía superar su temor. Peleaba con el Sol para que le dejara quedarse a su lado durante el día y descansar junto a él cada noche. Pero el Sol, poderoso y brillante, no quería compartir su cielo con ella. Con sus primeros rayos de cada día la apartaba de él y a la Luna no le quedaba más remedio que desaparecer.

Una noche la Luna buscó refugio en el Mar. Quería esconderse en algún sitio donde sentirse segura y encontró un hueco detrás del horizonte, a salvo de la oscuridad. Allí permaneció llorando, lamentándose de su miedo y negándose a salir de su escondite.

El Mar, al encontrarse con la Luna en tal estado y haciendo gala de la inmensidad de su paciencia, se dirigió a ella con toda la calma de la que era capaz.

– ¿Por qué lloras, Luna? – le preguntó.

– Me da miedo la oscuridad. – respondió la Luna entre sollozos.

– ¿Y por qué te da miedo la oscuridad? – siguió preguntando el Mar.

– Pues… Porque no se ve nada, no sé qué hay alrededor… ¿Y si hay alguien que me quiera hacer daño? ¿Y si me pierdo? ¿Y si no sé a dónde tengo que ir? – replicó la Luna casi sin poder parar de llorar.

– Entiendo… – la calmó el Mar. – Por favor, acompáñame. Quiero mostrarte algo.

 

La Luna dudó un momento si salir de detrás del horizonte. Seguía sintiendo miedo, pero el Mar conseguía transmitirle calma y, además, iría acompañada. Finalmente aceptó salir, muy poco a poco, muy despacio, hasta quedar a muy poca distancia por encima del horizonte, casi sin separarse del Mar.

Cuando estuvo allí, el Mar le dijo en voz baja:

– No mires hacia arriba. Fíjate en tu reflejo en mí, mira cómo brillas…

 

La Luna hizo caso al Mar y pudo ver como su luz se extendía sobre el Mar con un espectacular color plateado. El Mar tenía una luz como nunca había visto. Sin poder dejar de sorprenderse, escucho al Mar decirle:

– Mira ahora hacia esos árboles de la orilla.

 

Al mirar hacia donde le indicaba el Mar se maravilló aún más. Los colores verdes, marrones, amarillos, rojos… Todos brillaban de una forma especial, resplandecían serenamente con toques sutiles que transmitían paz.

 

– Ahora puedes mirar hacia arriba y ver quién te espera.- le susurró lentamente el Mar.

 

La Luna alzó la vista y contempló el mayor manto de estrellas que nunca pudo imaginar. Brillaban, tililaban, bailaban entre ellas, jugaban y retozaban sin parar alrededor de la propia Luna como en una fiesta sin fin.

 

Sin saber qué decir, la Luna miró al Mar. El Mar, aún más en calma, le dijo:

 

– Todo lo que ves, es gracias a tu luz. Tú eres la que ilumina la noche, tú eres la que haces desaparecer la oscuridad de los demás. Por favor, no nos prives de tu presencia cada noche.

 

Así fue como la Luna perdió su miedo y decidió pasarse las noches iluminando tanto cómo le fuera posible. Y, en agradecimiento eterno al Mar, decidió reservarle cada noche su mejor luz, para regalársela y reflejarse en él como en ningún otro lugar.

 

noche mar
 

SIENTE – Steph L. – 28/10/2015

SIENTE – Steph L. – 28/10/2015
Algunos ya la conocéis. Os la presenté hace un tiempo con “La mujer más bonita del mundo“, una entrada de su blog arboldemandarinas.blogspot.com que es de los más intensos que he encontrado en los últimos tiempos. Nos encontramos en las redes, por casualidad. Por causalidad. Por ciencia infusa. Por azar. Por amor. Y porque era necesario que así fuera. Ella es una de las escritoras que han querido colaborar voluntariamente en este proyecto… Y quiero que entiendas por qué sus palabras son hipnóticas (si es que aún no las conoces) leyendo esto.
Steph: Ni tú ni yo llegamos a comprender por qué la vida tira de los hilos necesarios para que se produzcan los intercambios de lo que haya de ser. Pero, desde luego, los kilómetros no son distancia para que esos feedback en la distancia hagan crecer también un “algo” más. El “pellizco”. Gracias por agitarme. 😉
Hola, soy Steph. Hace poco más de un año que hago público lo que escribo en mi blog arboldemandarinas.blogspot.com
Y uno de esos días, en esas bonitas casualidades que tiene la vida me topé con Rocío; y hoy unos meses más tarde, tengo la suerte de compartir a través de ella mis letras.
El texto se llama “Siente” y es mi intento de gritarle al mundo eso, que nunca deje de sentir. Que cuando nos pregunten un Qué te pasa, respondamos que todo, que ojalá siempre nos pase algo. O alguien.
SIENTE
Hace unos días leía a Erri decir
que los peces no cierran los ojos
y sólo se me ocurrió pensar
que tenían mucha suerte
en poder siempre soñar
con los ojos abiertos.

Y eso que yo
soy un poco cursi
y los cierro muy fuerte a veces
como si así pudiera retener
por unos instantes más
algunos momentos:

Besos
el primer -y último- trago de cerveza
las canciones de Andrés
los orgasmos a mitad de la noche.

Tú llenándome de poesía la vida
escribiéndome sobre la piel
recitándome versos de boca a boca
y sin comas de por medio
aunque afuera se esté cayendo el mundo.

Yo qué sé
supongo que lo importante
es saberse vivo.

Así que, cielo, escucha
sólo quiero pedirte una cosa:

Tiembla de miedo
de ganas de volver
a intentarlo
de volar más alto,
sueña hasta quedarte dormido
baila y haz girar al planeta
como si todo fuera a acabarse mañana,
ríe hasta que se te olviden todas
y cada una de las penas,
llora y haz que se rompan los cristales
con tu tormenta.

Pero, por favor
nunca
nunca dejes de sentir.

steph

LÁGRIMAS DE CEBOLLA Y DUCHA – Marta Fernández 26/10/2015

LÁGRIMAS DE CEBOLLA Y DUCHA – Marta Fernández 26/10/2015

De repente, llegó el email de Marta. Y me empañó los ojos. En sus líneas había mucho amor… y no sólo para mi. Marta es capaz de desarmarse para mostrar la fragilidad de cualquiera. Todos somos vulnerables y no esconderlo nos hace más humanos y más héroes… O heroínas, como es su caso. Su despedida, ese “Eres como el lugar que estaba buscando…” me desató las ganas de enviarle un abrazo virtual, que espero que desde aquí le llegue.

Espero que os conquiste. 🙂

Me encanta la idea y me he decidido a entregar una de las cosillas que escribo con mucho amor, a un amor difícil, pero que está siendo mi inspiración y ocupa mis emociones constantemente llenando gota a gota el vaso mi felicidad.
Soy una yonkie del amor, lo doy todo por un amor sano, por las ilusiones, por esa persona que hace que saques de ti tu mejor tu…(o mi mejor yo).
Las Lágrimas de cebolla y ducha son esas que nos podemos permitir, porque apenas se sienten, porque se disimulan muy bien…mientras cortas cebolla puedes abrir el grifo de las emociones que están oprimiendo tu corazón y dejarlas verter por tu rostro. Mientras te duchas, nadie te ve llorar, no sientes la humedad, apenas duelen, y sabes que cuando se cierre el grifo, deben cesar.

LÁGRIMAS DE CEBOLLA Y DUCHA

Hay cosas que no puedo prometer.

No puedo prometerte la eternidad

ni el color rosa a diario.

ni mi valentía constante.

No puedo prometerte mi belleza fugaz,

No puedo prometerte el eclipse de nuestros cuerpos.

No puedo prometerte el olor a lluvia,

ni la emoción de nuestra melodía favorita.

Quizás puedo prometerte un invierno cálido.

Quizás puedo prometerte un viaje de caricias,

no para siempre.

Mil y una sonrisas

surcando el mar de tu espalda.

Hacerte el amor en la luna.

Quizás puedo prometerte un cielo azul, de

propiedad privada, donde nazca cada día

un sol de amor.

Quizás pueda prometerte mis promesas:

voy a prometerte que no abandonaré estas

Mis apeteceres de verte.

Mi lucha constante por verte feliz.

ganas de amarte.

Mis mejores yos.

Voy a prometerte la copa siempre llena,

el amor sano

y el postre insaltable.

Los abrazos interminables al borde

del abismo de nuestros huesos.

Voy a prometerte mis sospechas.

Mi intuición.

Mi vida contigo.

Lo mejor.

Yo, te lo prometo.

unnamed

HISTORIA DEL APRENDIZ Y EL MIEDO – Alex Escudero 24/10/2015

¿Pensabas que por ser sábado el proyecto de nuestro libro descansaba? Ni mucho menos… Nos pueden más las ganas de seguir publicando las letras que asoman al correo de unbuenisimodia@gmail.com que otra cosa. Por eso, vamos a quedarnos esta tarde con el cuento de Álex. Una fábula para todos aquellos y aquellas que estáis a punto de dar el salto. Calculad bien el impulso y la tirada. Y hacedle caso a este sabio de las letras. ¡¡Votad!! y, sobre todo, disfrutad. Disfutad porque “Un buen día lo tiene cualquiera”.

Nunca he sabido venderme, así que sencillamente gracias a quien le guste lo escrito y decida depositar aquí su voto. Gracias especialmente porque con vuestro voto me permitís compartir con Rocío, una pequeña parte de esta gran aventura que es su libro.

 

Historia del aprendiz y el miedo.

Caminaba el venerable maestro por el bosque con sus dos jóvenes discípulos. Al llegar a un pequeño claro donde se veían hermosos árboles de diferentes alturas, el sabio preguntó: “¿Quién quiere demostrar su valor?” A lo que ambos discípulos contestaron afirmativamente.

El maestro les pidió que subieran a un árbol y se arrojaran desde lo más elevado que creyesen posible, aplicando la técnica de caída que les había enseñado. El primero, que no tenía miedo a las alturas, subió a la cima del árbol más alto que había, el que doblaba en altura a cualquiera del resto de árboles. El segundo aprendiz, temeroso de la caída, eligió un árbol de altura media.

El primer alumno preguntó al maestro que si podía arrojarse ya, a lo cual el maestro le respondió que se bajara inmediatamente. El segundo pupilo, que estaba muerto de miedo, pregunto si él también podía bajar. El maestro le contesto que aplacara su miedo, se concentrase, sintiera el espíritu de la rana y aplicando la técnica que le había enseñado se arrojara al suelo.

El alumno respiró profundamente, miró el suelo, visualizó la técnica de su maestro y se lanzó concentrado. Al levantarse magullado pero sin ningún hueso roto, escuchó preguntar a su compañero.

– Maestro, ¿por qué le habéis pedido que se tirase, cuando él no quería hacerlo y sin embargo a mí, que sí lo deseaba, no me lo habéis permitido?

El maestro les miró antes de contestar.

–  Joven aprendiz, tu compañero que sentía un miedo profundo eligió un árbol adecuado para su primer salto. De este modo, al vencer su miedo, ha visto reforzado su espíritu. Ahora está preparado para lanzarse desde un árbol más alto. Sin embargo tú, que no sentías miedo, fuiste directamente al árbol más elevado de todos. Desde esa altura, probablemente te hubieses roto algún hueso en tu caída y no hubieras podido continuar con el próximo salto. Ahora al igual que tu compañero estás preparado para volar en tu siguiente prueba.

 

alex escudero

PLIEGUES DE LA PARED – Laura de Diego (22/10/2015)

PLIEGUES DE LA PARED – Laura de Diego (22/10/2015)


Lau
es esa niña inquieta que creció y se quedó en el cuerpo de una mujer vital y llena de alegría. La rebosa. Se palpa. Es su “modus operandi”: ir siempre con una sonrisa grande y amplia colgada de quien la quiera adoptar. Es tu oportunidad para votarla… 🙂

Me encanta tu iniciativa y es un placer poder compartir un poquito de mí contigo ( y con suerte con mucha más gente).

Este poema lo escribí hace exactamente 3 años. Es un pedacito de mi ser, en un momento de quemazón, dividida entre lo agridulce de echar de menos y lo bonito del recuerdo que te deja una persona especial.

PLIEGUES DE LA PARED

Soñando tu aroma me desperté,
bebiendo tu risa del aire que un día se escondió en los pliegues de la pared
y que hoy vuelve, sin un porqué.

Simplemente me acuerdo de tus suspiros,
de tus manos bonitas y tus labios carnosos,
de tus besos eternos que acallaban mis dudas,
que sabían a fruta madura,
que llenaban mi cuerpo contando lunares
y dormían traviesos en mis rincones.

Hoy, vuelvo a dormir bajo tu recuerdo,
con su peso sobre mi pecho
y su suave tacto entre mis dedos.

Hoy, vuelvo a oír tus pisadas desnudas
volviendo a mí, a oscuras.
Hoy, vuelvo a verte reflejado en mi pupila,
mientras tu cuerpo me encandila.

quieroqueloleas laura de diego

LO MEJOR DE MI – Maribel Parecicua 20/10/2015

LO MEJOR DE MI – Maribel Parecicua 20/10/2015

Maribel sonríe. Sonríe y se delata en una mujer con mucha vida y tambien vidilla (que hay diferencia de matices) detrás de esa mirada tan abierta. Aunque cerrase los ojos, su mirada seguiría atravesándote. Ahí. Con descaro. Ya sabes que desde YA puedes votar por el nuevo texto que llega con las ganas de querer unirse al libro de “Un buen día lo tiene cualquiera”. ¡¡Suerte!!

 

 

Siempre soñé con un  libro compartido, una historia desbordada, un sueño febril, delirante. Una pasión, vivida entre todos.

 

LO MEJOR DE MI

Me gusta la tibia luz de la mañana, entrando por la ventana, mientras saboreo el primer café. Perezosa aún, recupero los restos del sueño y los abrazos del mimosón Tomás, que me moja la cara con sus besos. ¡¡Estas son las magníficas mañanas de fiesta!!

Me gusta esperar a mi amiga Maite y su brava Tesa, para juntas lanzarnos puente arriba a la caza de las primeras risas de la fresca mañana de otoño. A golpe de zapatilla, saludar a María y a todos los hermanados caminantes matutinos.

Volver a casa, y sentir que todo está bien, el calor de hogar que me abraza, mordisquear un trozo de pan tostado con aceite y encender el ordenador deseando escribir, ese compás de palabras que me arrulla el alma. 

Con los auriculares puestos, de espaldas al mundo. Me gusta soñar despierta, dar vida poética a tantos trinos palpitantes, envueltos en pañuelos blancos. Mientras la casa se llena de olor a puchero.

Me gusta ver sobre la mesa ese frutero de madera que me regalaste, hoy repleto de las primeras mandarinas. Lo imagino hecho de una pieza del mejor árbol de la Selva Negra y, sobre todo, traído con cariño, desde tan lejos. Siempre me acerca a tu recuerdo.

Me gustan los mensajes de “buenos días”; el de Paco, siempre el primero, que me recuerda que está un poco lejos, un poco solo y que se va Gandía, a pasear la perra, o a dar de comer a los palomos y que le sabe mal que esté tan lejos. Añora conversar.

Me gusta distraerme un poco y recordar el verano, cuando jugábamos como niños a la orilla de la playa, con las raquetas y yo te mandaba la pelota al agua, lejos, para que te mojaras. Mientras nos reíamos de que no sabías donde habías dejado el coche y lo poco que importaba.

Me gusta asomarme a la ventana y mirar hacia la tuya, adivinarte feliz con un libro entre manos y recordar que anoche nos acabamos juntas la botella de vino a la tibia luz de las confidencias.

Me gusta pensar en los míos y saberlos protegidos con mi cariño, imaginarlos felices. A Manuel, preparando su viaje a Roma.  A Ventura, independiente, ajetreada, estrenando sus clases de inglés. A Jesús, planificando su pequeño negocio en el nuevo mercado.

Me gusta tumbarme después de comer, taparme con la manta y respirar notando como entra el aire por la nariz a la par que los pensamientos distraídos, mientras se borran los pies, las rodillas, las caderas, los temores y el cansancio. En un suspiro recibo la tarde de nuevo

Me gusta sentir que todo comienza de nuevo, tras la pausa, poder hacerlo mejor. En la calle, Ana sigue sonriendo, los niños empiezan a tomar la plaza, los columpios febriles. Y centro los pasos hacia algún recado casi preciso. Además de sonreír, además de escribir, además de cantar, además de los dibujos preciosos de Tomás.

Me gusta SABERME AFORTUNADA DE TODO LO QUE TENGO A MI ALREDEDOR.

 

quiero que lo leas 1

QUEDA UNA LUZ – Eduardo Gea (19/10/2015)

QUEDA UNA LUZ – Eduardo Gea (19/10/2015)
A veces llega “pura vida” al mail de “Quiero que lo leas”, el rincón que nos hemos inventado para cocrear el libro más preciosisísimo del mundo. 🙂 Os dejo con Edu, que ya advierto que os va a molar todo. TO-DO.
Me presento, soy Eduardo Gea. En mis ratos libres hago de cantautor amateur y voy publicando de forma independiente mi música en ww.eduardogea.com. Este texto es la letra de una canción que escribí hace un tiempo y que publicaré a lo largo de este año como el tercer capítulo de mi actual obra.
 La canción va dedicada a una persona en concreto, alguien que me ha dado todo cuanto podía sin pedir absolutamente nada a cambio. Igual que yo sentí la necesidad de poder devolverle una milésima parte con esta letra, quiero que vosotros también podáis compartirla con aquella persona os haga sentir de ese modo, vuestro/a particular superhéroe o superheroína. Queda una luz.
Eduardo Gea – Queda una Luz
Si alguien puede reconciliar
las verdes selvas y aguas del mar
con las ciudades. Firmo sin dudar:
Esa eres tú. Queda una luz. 
Si alguien puede rectificar,
parar el tiempo y volver atrás.
No tengo dudas, no puedo dudar:
Esa eres tú. Queda una luz.
Si alguien puede corroborar
que existen fuerzas que saben más
de las personas y de la verdad.
Esa eres tú. Queda una luz.
Si alguien puede acariciar
las caras tristes y darles paz
estoy seguro que no hay nadie más:
Esa eres tú. Queda una luz.
Cuando las nubes cubran la luz del sol
y la oscura sombra que proyecten mis pasos
dibuje un futuro incierto,
tu decisión será mi salvación,
la que aplaque mis miedos,
la que me inunde de color.
La que me guíe.
 
quiero que lo leas edu